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22 de março de 2014

Wii la nueva pelicula de Kenshin!!




Queridos saltamontes, han anunciando la segunda parte de la pelicula de Rurouni kenshin! Lo que significa que podremos ver a Saito y Sanosuke en carne y hueso una vez mas!!!















No tiene que ver al caso pero aqui va un lindo Benedict samurai XD
enerjax:

I’ll always remember our walks



For the LetsDrawSherlock Historical Moments challenge I wanted to draw Sherlock and Redbeard from the story of Hachiko. Whenever I visited Tokyo, meeting friends at Hachiko’s statue at Shibuya Station is pretty much a given. The bronze statue of Hachiko was built in memory of the “faithful dog” and Professor Ueno (of Tokyo University)’s relationship. Hachiko and the professor would walk together daily to the station where Ueno would then take the train to work. When he would come home later that day, Hachiko would always be waiting there for him so that they could walk back together. Unfortunately one day, Professor Ueno tragically passed away before he could come home. But for years Hachiko would continue to wait for the professor to return. 

24 de abril de 2013

Millonario y el esclavo PDF

Hola Saltamontes !
Aquí os dejo el Millonario y el esclavo en PDF por que Fina me lo ha pedido. No se si alguien más lo quiere =O

Bajar aquí

14 de abril de 2013

El millonario y el esclavo- final



Epílogo

Italia Venecia

-Buenos días amor mío.- Saito se sentó en la cama a su lado sobre las sábanas.
-hurmp.. Buenos días…- murmuró Sanozuke destapando su cuerpo desnudo.
-La góndola nos está esperando y ha llegado el desayuno.
-¿Pasta?
-Jajaja no, Magdalenas.- Le besó los labios rojos e hinchados por la sesión de amor de la noche anterior.
Sano se levantó y vistió también su albornoz azul oscuro.
-mmm.. Me gusta este clima, es muy distinto al de Japón… y las magdalenas!- sonrió llenando la boca de bollo.
-Eres preciosamente cute!- le sirvió la leche.- Sabes, ha llamado Tae, ha contratado a una nueva cocinera.
-Mmm, ¡qué bien! Solo espero que lo cocine todo tan bien como Tae.
-Si, creo que sí. De cualquier forma Tae se ocupará ahora de la casa así que todo estaré perfecto.
-Todo es perfecto ahora ‘Jime…- Dijo sano levantando el rostro mirándole lleno de pasión y migas de magdalena en la barbilla.
-Tu eres perfecto…- le sujetó la barbilla y lamió de su boca las migas de magdalena.
-Ajajajaja- se sonrojó y Saito aprovechó la oportunidad para abalanzarse sobre él como si fuese un lobo cazando a su ovejita.-Oye, ¿no teníamos la góndola esperando?
-Arrrhh ¡qué espere!- dijo desabrochando su albornoz y contemplando la desnudez del muchacho.
-No me mires así…
-¿Así?
-Siiii.. ¡Con esos ojos de pervertido!- dio una carcajada.
-Uff eso es imposible, ¡tu cuerpo me hace ser un pervertido! La culpa es tuya, tus pezones parecen deliciosos.
Sano volvió a sonrojarse sintiendo que una ola de deseo le traspasaba.
-Voy a probarlos… quiero asegurarme de que saben igual a lo que parecen…- El muchacho arqueó su espalda ofreciendo no solo todo su pecho pero también separó sus piernas exponiendo su orgulloso pene.- Uh… eso también tengo que probarlo…

FIN

10 de abril de 2013

El millonario y el esclavo- capitulo 8




8º capitulo


A casa?... No podían ir a casa, no mientras todo aquel follón no hubiese sido resuelto.
Se metió en su moto sujetando a Sano entre sus brazos. Le llevó a un hotel con una preciosa vista al mar. Esa noche no volvieron hablar. Sano siguió en sus brazos después de acostarse, sobraban las palabras.
A la mañana siguiente se despertó muy lentamente mientras los rayos del sol se filtraban por los cristales de la ventana. Se movió cómodamente sintiendo el calorcillo del cuerpo de Sano. Levantó lánguidamente la cabeza del montón lujurioso de almohadas y descubrió a su amante ya despierto. Fijaba un punto exacto en el techo sobre sus cuerpos, ajeno a cualquier cosa que pudiese pasar en la habitación.
Saito tragó en seco era esa la misma mirada que había visto en sus ojos cuando estaba ingresado en el hospital.
Se sentó en la cama, se recostó en las almohadas y volvió a mirar al chico, sintiendo una inmensa culpa por su estado. ¿Podría realmente cumplir lo que le había prometido? Se cuestionó con un cierto pánico. Hacía mucho que el cuidar a alguien no era una responsabilidad. Respiró profundamente ignorando a su subconsciente que le murmuraba con pura maldad que no había empezado con buen pié. Carraspeó intentando llamar su atención pero fue en vano, los ojos ni siquiera se movieron.
- Hola nene, ¿cómo has dormido?- le dio un pequeño besito sobre la nariz.
Los dos ojos chocolate volvieron su mirada por primera vez al tiempo que murmuró:
- Te has quedado sin mayordomo…
- Es verdad… Bueno contrataré a otro.- dijo con tono bajito. La aparente fragilidad de Sano le intimidaba. Temia hacer algo sin cautela. En aquel momento Sano era una pieza de fino cristal, podría romperse por cualquier toque.
- Necesito un baño.- Advirtió el muchacho.
- ¿Y qué tal si yo te lo preparo y tú te relajas?
- Vale, pero antes necesito decirte una cosa…
- ¿si? ¿Qué cosa?
- Gracias.
- ¿Por qué?- dijo sorprendido.
- Por salvarme en la casa, por sacarme de la cárcel, por traerme aquí y por cuidar de mi.- La expresión en el rostro de Saito cambió de asombrado a tierno. Sano se sonrojó y apartó la mirada. Descubrió un poco su cuerpo y se sentó también en la cama.
- No tienes por qué. Además yo soy el principal culpable de lo que pasó anoche.
- ¿Por qué dices eso?- inquirió jugueteando con la sábana.
- Porque sí… Yo, no te mencioné nada pero después de esa charla que tuve con Chou hace unas semanas empecé a desconfiar de él.
- ¿De verdad? ¿Y por qué no se lo dijiste al inspector?
- No estaba seguro del todo… Tenía miedo de equivocarme, pero todo, todo me indicaba que era él!
- Entonces, ¿por qué no hiciste nada? ¿por qué le dejaste seguir en tu casa? ¿por qué dejaste que siguiese rondándome? ¿es que no me quieres?- encaró a Saito con rabia- ¿Ya no te importo?
Saito extendió una mano para apartarle un mechón de pelo de su frente mientras que una lágrima se formaba en uno de sus ojos y se deslizaba lentamente por su cara.
- Sí que me importas, me importas demasiado. Pero no quería creer que alguien tan cercano pudiese dañate sabiendo lo mucho que te amo. Creo que mi amor por ti me cegó. El intenso deseo de que te mejorases… Lo siento mucho.
- Saito… – limpió la lágrima que escurría.
- Tú, eres lo único que me importa.- Lo besó delicadamente y Sano sintió en sus labios un sabor de un potente afrodisíaco. Abobado por el beso le rodeó el cuello con los brazos y lo atrajo hasta su cuerpo. Saito lo besó con más ímpetu y el chico se apretó fuerte contra su pecho, deseando descubrir de dónde le habían llegado las ganas de sentir su piel.
El hombre más viejo deslizó sus manos entre sus cuerpos unidos hasta alcanzar la parte inferior de la espalda morena y las bajó más hasta alcanzar su divino trasero.
Deseando que las caricias siguiesen Sano apretó sus dedos entre el cabello negro de Saito y separó sus labios con un gruñido de placer.
Maravillado por esta reacción el millonario introdujo su lengua en la boca que le esperaba y al mismo tiempo presionó un poco su entrepierna que ya se animaba. Al cabo de un momento detuvo el beso y levantó un poco la cabeza mirando al joven en a ojos. La pasión que descubrió en ellos le tocó el alma.
-Horas…- dijo con voz ronca- Quiero amarte durante horas y horas…- suspiró y sin más aviso bajó su cabeza para besar el lampiño pecho de Sanozuke.
El chico contuvo la respiración cuando sintió la lengua suave lamiendo la punta de su pezón para después introducirlo por completo en la boca y chuparlo entero.
-OH… Saito…- Murmuró extasiado.
-Eres precioso… cómo me pones…- lentamente lo recostó.- Tú cuerpo, es tan suave… cómo te amo…- Se deslizó suave por aquel cuerpo llenándolo de besos al mismo tiempo que murmuraba un “te amo” con cada beso. Sobre su garganta “te amo”, su pecho “te amo”, sobre su estómago “te amo”, su ombligo…
Sano tembló e intentó pararle cuando Saito frotó su lengua húmeda por la punta de su sexo. Se rindió dejándose caer sobre las almohadas sin poder sostenerse más con los brazos. Lo lamió, marcando lentos círculos. Sano mordió las sábanas cuando inesperadamente se encontró todo envuelto por un húmedo calor. Su mente se nubló y su cuerpo se convulsionó bajo la boca de su amo.
Saito se dio cuenta de que el joven llegaba al límite de su resistencia y entonces se detuvo. Quería hacerlo durar.
- ¿Me deseas?
-Mucho…- Sintiendo el ansia que invadía al chico entrelazó sus dedos y le sujetó las manos sobre la cabeza al tiempo que le introdujo de nuevo la lengua en la dulce boca y rozó su pene entumecido en su raja temblorosa.
Para Sano volver a sentir la pasión de Saito era extraordinario y a la vez amenazador.
El pánico le invadió entonces cogiéndole de sorpresa. Un minuto antes estaba haciendo el amor con Saito. En el siguiente eran los dos hombres desconocidos que le sujetaban como a un animal, eran las manos de ellos las que le impedían moverse, mientras que le obligaban a abrir la boca para ellos, eran esos hombres los que lo forzaban abrir las piernas, era su sexo el que lo penetraría con fuerza desgarrándolo sin piedad.
Quiso gritar que parasen, suplicar que le soltasen. Pero sabía que ellos ignorarían sus peticiones. No le escucharían, le violarían otra vez, abusarían de su cuerpo.
Sus dedos dejaron de responder a los de Saito, estaba inerte, ajeno, con su mirada fija de nuevo en el techo.
-Sano?
El chico no se movió, no hizo ningún ruido, tan solo una lágrima escurrió de sus ojos.
-Sanozuke, ¿Qué te pasa?- La sangre se le heló en las venas cuando le tomó por los hombros y notó que su cabeza se movía como si no tuviese vida.- Cariño… Háblame!
Le soltó temiendo haberle hecho daño sin darse cuenta. Entonces vio que se movía, imperceptibles sollozos de angustia estremecieron sus hombros.
-Dios mío… ¿Qué te pasa? ¿Te lastimé?- No había hecho nada. Aquello no era culpa suya. Sanozuke estaba reviviendo lo sucedido en su habitación. Le abrazó durante mucho tiempo consciente de que era crucial saber llevar la situación para que sano pudiese superar aquello.
-¿Sano? cálmate ¿si?- susurró a su oído- Amor mío, soy yo, Saito.- Dijo queriendo estar seguro de que él hacía la distinción entre una situación y otra.- Te amo…- repitió las mismas palabras una infinidad de veces, quería estar seguro de que le entendía.
Su voz penetró en la espesa niebla que cubría la mente del joven. Éste se empezó a relajar al sentir la infinita ternura del hombre y entonces se acordó de que aquél que le abrazaba era el cuerpo de su amante. Era Saito quien le hablaba, su Saito.
No entendió por que pasaba aquello, ya lo habían hecho antes. Quizás la noche anterior lo hubiese estropeado todo… empezó alejarse de él.
-¿Estás mejor?- escuchó decir a una voz preocupada.
-Lo siento… Lo siento mucho.- Los lagrimones volvieron a brotar de sus ojos sin poder impedirlo.
-Venga, no pasa nada. Que estés bien es lo único que importa.- le sujetó para que no se marchase. Estaba aún muy confuso.- Ven aquí, déjame que te proteja, ven a mis brazos.
Sano hizo lo que el hombre le dijo, volvió a la cama, a meterse entre los brazos de su amante que le acarició los cabellos rebeldes y después depositó un beso en la frente.

-Háblame…- dijo al cabo de un tiempo- qué te pasa?
Sano se sentía tan frágil, tan abatido, allí sentado de cabeza bajada. Sabía que le debía una explicación por lo menos.
-Yo… me entró el pánico, supongo. Porque no podía moverme…- cerró sus puños bajo las manos de Saito.- Fue así como…-la voz empezó a flaquearle- como pasó todo. Me sujetaban y no podía moverme, creí que me ibas a dañar.
Una de las muchas lágrimas que salían de sus ojos deslizó por su mejilla y él se la limpió con los nudos de los dedos.
-Yo jamás te haría daño Sanozuke.
-Lo sé, lo sé, pero es inevitable que algunas cosas me hagan recordar lo que sentí.- Los labios le temblaron.
-Ellos ya no pueden dañarte, yo estoy aquí. Muy pronto esos tíos estarán en la cárcel.
-Estarán en la cárcel pero aun ejercen poder sobre mí.- sollozó.
-No, eso no es cierto!
El muchacho se sentó con tanta brusquedad que Saito no tuvo tiempo de reaccionar.
-SI!! – Gritó- no lo ves? Están aquí, en mi cabeza, todo el tiempo están aquí controlándome. Nunca más volveré a la normalidad, ya no volverá a ser como antes! No puedo estar en la cama contigo sin tener un ataque de pánico!
-Claro que puedes, ya lo estuviste, te acuerdas? Y fue la noche más maravillosa Sanozuke!
El chico contrajo los dedos sobre los muslos.
-No puedo, no lo entiendes? No ves lo que acaba de pasar?
-Creo que podemos superar ese miedo Sanozuke.- Él se quedó mirándole durante un minuto entero, respirando con agitación, con los puños cerrados. Después, lentamente abrió las manos.
-Cómo?- preguntó.
Saito se arrodilló a su lado en la cama.
-Mírame. Aunque no puedas hacer nada más, no dejes de mirarme.
Haciendo lo que le pedía el otro hombre dejó que se le acercase. Saito sintió la rigidez de su cuerpo menor, vio la sombra de las dudas empezar a desvanecerse tras aquella mirada de chocolate. Tocó su espalda con ambas manos y las movió de arriba abajo.
-Puedes hacerlo sano. Te ayudaré. Abrázame.
El chico llenó los pulmones de aire y expiró al tiempo en que apoyaba sus manos sobre los hombros del otro hombre. En sus ojos distinguió emociones. Esperanza, miedo, dudas.
-Eres muy importante para mí. Eres precioso Sanozuke- dijo con delicadeza. El joven bajó su rostro colorado.
-No estoy tan seguro.
Saito sujetó su barbilla y le obligó a levantar la cabeza.
-Porque lo dudas?-Antes que pudiese decir algo añadió- Eres bellísimo! No dejes que nada de lo que pasó te convenza de lo contrario.- Volvió abrazarle la cintura- No, no!- Le advirtió cuando se dio cuenta de que el volvió a bajar la mirada.- Tienes que mirarme, te acuerdas?
Sano dudó un momento pero al final volvió a mirarlo.
Conmovido por la confianza que Sano le depositó y su determinación en llegar al final, le besó la frente.
-Sabes que eres irresistible?- Le preguntó fijándolo- que eres increíblemente sensual? Solo tengo que mirarte para excitarme.
El chico lo empujó por los hombros, irritado.
-Por favor! No es necesario que me mientras! Como puedo excitarte después que otros me hayan humillado? Hayan abusado de cada parte de mi cuerpo que ahora dices pertenecerte?!
Saito le agarró fuertemente impidiéndole de soltarse y en ese momento cogió una de sus manos y apoyándola en su bajo vientre la deslizó con lentitud hacia abajo. Los ojos de sano se abrieron como platos al tocar el miembro erecto.
-Lo ves? – Dijo- No te he mentido!- Lo vio tragar en seco al mismo tiempo que sentía como cerraba tembloroso sus dedos en su pene.
La caricia de sano era muy dulce, inocente, un suplicio delicioso.
-Si- murmuró con voz ronca cuando el chico deslizó sus dedos por todo su sexo erguido.- Así..
Lo besó apasionadamente y después lo cortó despacito. No quería presionarlo. Sanozuke necesitaba tiempo y paciencia y él estaba dispuesto a darle ambas cosas.
-Estás bien?- Sano humedeció los labios y dijo que si.- Vale.- Deslizó sus manos por la espalda morena y se inclinó para volver a besarle.- Tienes un culito muy bonito…- murmuró contra sus labios, cogiendo sus nalgas con fuerza- … del tamaño ideal. Y tu piel…- Bajó más la cabeza abriendo su boca sobre un pezón. Lo chupó un momento y dejó escapar un gemidito de placer al soltarlo- Perfecto.- le miró de nuevo a los ojos.- Eres perfecto en todos los sentidos.
Los ojos de Sano se llenaron de lágrimas. Pero esta vez no era por vergüenza u temor. Pero si por la ternura de Saito, y así creyó que ese hombre podría hacerle olvidar de una vez por todas, todas las malos recuerdos que habían salido a flote.
-Yo, no soy perfecto. Nadie lo es, pero gracias.-Vio que el ambarino de los ojos de Saito se suavizaba y que una dulce sonrisa se dibujaba en sus labios.
El hombre le cogió de la mano y le besó la palma.
-puede que no lo seas, pero estas muy cerca- murmuró y le propinó otro besito en la palma.- Acuérdate, abre bien tus ojos y nunca dejes de mirarme.
Manteniéndole quieto tan solo con el poder de su mirada bajó lentamente por su cuerpo acariciando y besando su piel como si fuese seda que deslizaba sensualmente por Sanozuke.
Después le separó las piernas muy despacio y subió su mano por ellas, rozando con sus dedos la parte interna del muslo, acarició sus testículos y la polla del niño que se estremeció de deseo.
Sano cerró los ojos respirando con irregularidad.
-No, Sano- susurró cuando él le desobedeció.- mírame.
El chico se forzó a hacerlo, pero cada vez que Saito le acariciaba el sexo su capacidad para mantenerse de ojos abiertos flaqueaba, tal y como flaqueaban sus piernas. Y cuando él se le acercó y introdujo su pene en su cálida y húmeda boca, Sano apoyó su cabeza sobre el hombro de Saito.
-No Sano, mírame- repitió- Mírame.
Aunque solo deseaba entregarse a aquel placer y sumergirse en la ola de sensaciones, levantó la cabeza.
Con los brazos apretados en su cuello, balanceó su cuerpo sintiendo cómo un dedo húmedo se precipitaba en su interior haciendo círculos, excitándole, preparando su ano de una forma deliciosa. Sano gimió, arqueando su espalda, convulsionándose de una forma salvaje.
Saito sonrió asombrado por la pasión que aumentaba en el chico haciendo que el rubor subiera por sus mejillas.
Percibió placer y satisfacción en el gemido que deslizó de sus labios.
-Soy yo, ‘Jime.- Dijo, intentando fijar su nombre en la mente de sano y atarlo a las emociones que él estaba experimentando.- Tu Saito- repitió mientras lo echaba hacia trás, sobre la cama y se aproximaba. Sin dejar de mirarlo a los ojos, se abrazó más a él y rozó sus sexos frotando sus cinturas juntas al tiempo que le besaba la mejilla bajando por su cuello.- Te amo…- tomó sus sexos con su mano y los masturbó a la vez.
Sano no pudo reprimir un gritito de sorpresa al sentir el dedo de Saito haciendo círculos en la zona mas sensible de la cabecita rosada de su pene. Se volvió a retorcer entre los brazos del hombre.
-Tu Saito te ama… Quiere volver a poseerte…
-Si… penétrame…- dijo con un sollozo entrecortado por la respiración acelerada.
Le frotó un poco más la entradita temblorosa con su dedo mediano, asegurándose de que estaba lo suficientemente jugosa como para permitir una penetración casi sin dolor y prosiguió.
El chico se apretó con ferocidad contra él, las paredes de su recto cerrándose con fuerza alrededor del pene de Saito, volviéndolo loco. Intentó controlarse.
-Soy Saito… tu amor…- repitió con los dientes cerrados, mientras empezaba a subir y a bajar sus caderas sobre el chico una y otra vez.
Sano soltaba largos y lánguidos gemidos, placenteros murmullos, jadeos que rozaban la obscenidad y que podían hacer que Saito se corriese al instante.
En su interior la tensión fue creciendo hasta convertirse en un látigo que fustigaba su cuerpo, y comprendió que era inútil seguir conteniéndose.
Se le escapó un lento gemido, lo penetró con fueza una última vez derritiéndose en el interior de sano. Tembló sintiendo como el espasmo del chico le dificultó esta última estocada

Sano contemplaba a Saito mientas dormía. Estaba demasiado emocionado para dormir y la sensación era demasiado buena, demasiado agradable, demasiado emocionante para pensar en dormir. Deseaba subir por las paredes, trepar a los tejados, gritar que le amaba, saciar su locura, correr desnudo por los prados.
Apretó los labios contra el hombro de Saito intentando sufocar una risita. Contempló su perfil. “que guapo” pensó con un súbito temblor de emoción. “tan duro y tan amable, a la vez”.
Por unos momentos se permitió recordar su vida antes de conocerle. Solo había soledad, vació….
Saito abrió un ojo fijamente en que el chico permanecía despierto.
-No puedes dormir?-Le besó la frente y acarició su cabello rebelde.
-Sagara…
-Qué?-Saito frunció el ceño sin comprender nada.
-Mi nombre… Sanozuke Sagara -Murmuró jugueteando con uno de sus pezónes.
-Ajajaja te ha vuelto la memoria?
-Si… -Cerró los ojitos, acurrucándose mimoso.
-Me alegro, me alegro muchísimo.
Te amo Sanozuke Sagara!

9 de abril de 2013

El millonario y el esclavo- capitulo 7



Capitulo 7

- Que coño dice usted?- Saito se abalanzó sobre el detective intentando estrangularle.- Sano no se va a ninguna parte!
- A esto señor Hajime se le llama asesinato!
- Usted está loco! El chico se estaba defendiendo!
- Contrate a un abogado!... Venga.- se libertó del hombre mas alto.- Venga niño, vistete u te llevaré así y te aseguro que no querrás estar desnudo en una celda con 10 hombres… por lo menos teniendo ese cuerpo…
- Saito?!...- le miró trémulo. “ de veras ibas a protegerme?...”
- Oiga… déjele aquí, usted sabe como yo que es inocente!
- Yo si, y usted también, pero el juez no. VISTETE JODER!- gritó. Sanozuke se levantó rápidamente y se puso los pantalones la camisa que tenia vestida antes de acostarse.
- Saito le aconsejo que llame a su abogado… Venga acompáñame…
- Espere!... Sano- le alejó del detective- oye corazón… voy a sacarte de la cárcel ahora mismo, pagaré la fianza.
- Me prometiste que nadie me haría daño nunca mas… No estas cumpliendo tu promesa…
- Yo te amo!- suspiró y unió su frente a la de sano para mirarle bien en el fondo de sus ojos.- Y tu? Me amas?
- Venga…- interrumpió el detective esposando a sano como si fuese él mayor criminal del siglo.- Ya estas bajando las escaleras…
Le empujó sin tener en cuenta las lágrimas de angustia y miedo en el rostro del joven.
- Ahora voy tras tuyo!!
Hacía rato que la casa se despertara. Ya casi todos los empleados de uniforme caminaban de un lado para otro. La ambulancia llegó llena de enfermeros listos para llevarse a Chou.
-Tae.. Estas ahí. No te había visto, esto esta un caos. Me voy ahora mismo a la comisaría, se han llevado a Sanozuke!
-QUÈ? Mi pobre niño! Su cara era un mixto de temor y pena.
- Ocúpate de la casa y de ivi. Recibió un buen golpe, llama al veterinario, si?
- Si señor. No se preocupe por nada. Vaya a por el señorito.
-Gracias…- sacó del teléfono móvil y se alejó a por su moto.
Tendría que ser rápido si quería llegar antes de que metiesen a Sanozuke a una celda. Al momento le contestaron del otro lado de la línea.
- Hola, buenas noches…
- Si?
- Soy Saito. Siento molestarle a estas horas, pero… tengo un problema…

Arrancado a la fuerza de los brazos de su amante fue llevado por la policía. Le sentaron en una silla delante de un hombre gordo y con bigote que leía una revista porno. Después dejó la revista sobre la mesa y le miró desinteresadamente.
-Jefe, este es el chico del que le hablé!
-Y que coño hace aquí? No deberías haber traído al mayordomo?
-Es que la hemos cagado… Este crío se cargó al otro.
-Uff- suspiró el comisario- La has cagado muchacho.. Ahora te jodes!
-Si no fueseis unos incompetentes le habrías detenido antes de que volviese a intentar matarme!- exclamó Sanozuke dejando escurrir por su frente algunas gotas de sudor por la irritacion. El despacho era la replica exacta de una comisaría de película: desordenada, polvorienta, maloliente y muy mal frecuentada.
-Le has leido sus derechos?
-Si.
-Bueno niño te haré unas preguntas y después te meteré al calabozo. Mañana nos ocuparemos de lo demás, ya es muy tarde. Como te llamas?
-Sanosuke.
-Edad?
-19.. Usted ya tiene todos estos datos ahí, porque no los copia?- El policía le miró de reojo.
-Te crees muy listo, eh!
-Mire, usted sabe muy bien que no hice nada malo, Yo solo me defendí. Porque no me deja salir de aquí?
-Porque te has cargado a un tío!
-Porque intentó matarme!!!
-Sabes que tengo un hijo de tu edad? Pero mi hijo no es gay…
-Así que es eso no? Todo es porque son ustedes unos putos prejuiciosos!
-Cállate mocoso. Crees que no se que eres gay? Ajajaj Te gusta chupar pollas, eh! Tu y ese conde! Solo me habéis traído trabajo! A ver, como le has matado? Con una pistola o con un arma blanca?
-Primero no pienso contestar a nada, sabe usted que me han leído mis derechos? Donde hay un párrafo que pone: todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra. Segundo si le dijese con que supuestamente lo había matado lo estaría confirmando… no cree?
-Significa que niegas haberlo matado?
-Porque no lo averigua alguno de sus detectives? Quiero ver a Saito y a mi abogado!
El policía frunció el ceño y hizo un gesto al detective que salió por unos momentos durante los cuales ninguno de los dos apartó la mirada de los ojos del enemigo.
Volvió un momento después con Saito y con un hombre con deportivos verdes y una maleta negra que des tonaba bastante en aquella ropa informal.
-Hola…- Saito entró derecho a Sano.- Ya estoy aquí. Como estas?
- estoy bien…
-Este es el señor Yoshi, el abogado de Sanozuke.- Informó el detective que les acompañaba.
-El señor Saito procederá a pagar la fianza de mi cliente y exijo que se le ponga en libertad cuanto antes!- habló por primera vez el abogado.
-oiga amigo, usted no está en condiciones de exigir nada. Es que aun está dormido? El crió es sospechoso de asesinado y aun no ha visto al juez, ni siquiera sabemos si habrá una fianza que pagar!
-Qué quiere decir?- preguntó Saito corroyéndose de angustia.
-Bueno, Sano es acusado de un delito muy grave, y la fianza solamente se aplica a casos menores…****
-Pagaré lo que haga falta!
-Cuanta prepotencia Señor Saito…
-Cállese – rosnó el abogado casi trepando por la mesa.- Haga algo útil y llame al juez, ese es su trabajo cojones!
- Ya es muy tarde, mejor mañana.
-Y Sano pasará lo que queda de la noche en este antro?- Criticó Saito.
-Cállese Hajime!- Gritó el policía que a primera vista parecía irritado por ser abordado de aquella forma en su delegacía.
-Respéteme! De donde me conoce usted para llamarme por mi nombre?- Una pequeña llama de rabia surgió en la usual mirada ambarina.
-Tranquilos!!!- Yoshi se interpuso entre los dos. Una pelea allí era lo que menos les hacía falta. Entonces aclaró la voz y dijo despacio:- No cree que ya han protagonizado una noche lo suficientemente traumática para este chico? No cree que traerle esposado como un animal es demasiado? Exijo hablar con el juez, este chico no se quedará aquí!! Venga, no tengo toda la noche!
Sano se había recostado en la silla en silencio, ignorando todo lo que se decidía en la sala sobre su futuro. No era que no le importase, era tan solo que su capacidad de enfrentamiento se había desvanecido. Se sintió basura, volvió a pensar mal del hombre que amaba.
-No pienso llamar al juez solo porque dos pijos de mierda me lo dicen!
-PERO DE QUE MIERDA VA ESTO??- Saito volvió a exaltarse dé bruzándose sobre la mesa como si fuese un perro de peleas atizado. –No pienso dejarlo aquí. Os procesaré!!
-Pues ya tiene una buena opción, quédese aqui con él! hay celdas para los dos
-usted no tiene la puta idea de con quien esta hablando!
-Claro que lo se, con un maldito marica de mierda que se cree muy importante solo porque tiene un montón de pasta! Quién no habrá oído hablar de usted… Salid todos afuera!- murmuró para los guardias que salieron casi instantáneamente.- Digamos que decido ser benévolo y me las arreglo para que su amigo mayordomo de haya suicidado… que ganaría yo con eso?
-Depende.- contestó Saito ante la propuesta.
-Eso es ilegal!- añadió el abogado. Desvistió la chaqueta informal y sudada.
-Cállese!!
-Oiga Saito, yo soy su abogado y no me parece bien eso que planea hacer.- Los dos hombres se miraban a los ojos mientras Sanozuke parecía ya no estar allí. Su mirada perdida y su cuerpo estático en la silla le asemejaban a un jarrón caro de la colección del conde.- Imaginése si le da por hacerle chantaje toda la vida?
-Hey! Qué soy policía eh, más respeto y más confianza en la autoridad!
-Vaya morro! Haciendo chantaje, aparte de estar violando unas cuantas leyes más, y me pide que le tenga respeto? Por dios, qué cara dura!
Saito, ignorándole:
-Y bien?
-No acepte Saito!
Siguen ignorándole:
-Hagamos un trato: yo, tengo dinero más que suficiente como para pagarle lo que me pida…
-Me gusta…
-Hay más, yo le pago, usted libra a Sanozuke y desaparece del país.
-Perfecto. Quiero doscientos millones de dólares en billetes de 100.
-Mi abogado le pagará 100 millones ahora y la otra mitad cuando tenga el veredicto
-Trato echo. Tampoco creo que necesite usted tanto dinero…
-Hn, imbecil, Y ahora suéltele!! Quiero largarme de aquí!
Él policía liberó las manos del chico mientras que él abogado buscaba algo en su maleta llena de papeles.
-Itooshi… Sanozuke?
-Si?- contestó con una voz mórbida.
-Vayámonos a un hotel, hay mucha confusión en casa como para que te lleve allí!- lo cogió en brazos como hizo aquella vez en que le compró en un antro como este.
-Estoy muy cansado…



**** atencion: no estoy seguro de que eso sea verdad, eso fué lo que lei en algun sitio, aunque ya no me acuerdo muy bien donde.
Aunque como esto es una história (inventada por mi.) me inventaré tambien eso, no creo que haya problema XD.

7 de abril de 2013

Un regalo al blog!


Amigos estoy muy feliz, tan feliz que podría reventar!! jajaja
Cómo sabeis me encanta Saito, lo amoo y Minu me ha regalado un relato de él y Sano! Es precioso y está muy bien escrito!
Durante mucho tiempo he colecionado relatos de ellos, pero creo que este es el mejor que he leído en Español!
Una vez más me has dejado sin palabras Minu amiga! Te quiero muchisimo!

PINCHAD AQUÍ



5 de abril de 2013

El millonario y el esclavo- capitulo 6




Todas las noches dormía con él, en la misma cama, en su habitación, con Ivi sobre la alfombra y delante de la chimenea.
-Sanozuke… estás despierto?
-Si- murmuró en el momento en Saito encendía la luz de la mesita de noche.- No puedes dormir?
-No. No puedo dejar de pensar en algo…- se sentó desenredándose de las sábanas.
-Pensando en que?- Sano se dio la vuelta dejando salir un gruñido.
-Necesito saber una cosa, necesito que me cuentes algo, aunque se que no es fácil para ti hablar de esto…
-Saito, ya te he contado todo lo que recuerdo… Por dios, deja de atormentarme con esto, quieres?
-Sano, en aquella noche algo te pareció extraño?
-Todo. él que? Aparte de que entran tres tipos en mi habitación… no me parece que nada más sea extraño!!- exclamó cruzándose de brazos.
-No me refiero a eso… Antes, durante el día. Pasó algo raro? – sano se demoró algunos minutos con mirada perdida en la habitación.
-No se… no me acuerdo…
-Repasémoslo… construyamos el día… Ese fue el día en que te caíste del caballo… te acuerdas de eso?
-Sí.
-Pues como fue el día? Cuéntamelo todo!
-Uf… a ver… Yo me levanté de la cama, de esta cama. Fue la noche en que estuvimos juntos. Luego me duché en tu baño y apareció él mayordomo, ya sabes que yo y Chou no nos llevamos muy bien, así que me echó de aquí..
-Te echó?- frunció el ceño.
-Si, me mandó que me fuese a vestir a otra parte.
-Pero porque?
-Verás… yo no debería decirte esto, pero… es mejor que te lo cuente. Nunca le caí bien a Chou… desde que le vi supe que estaba enamorado de ti y le dije que te robaría para mí.
-Le dijiste eso?
-Bueno, no. Hicimos una especie de apuesta…- Los ojos de Saito se abrieron como platos.
-Una apuesta? Quieres decir que, tu no me amas? Todo esto ha sido una puñetera apuesta?
-NOOO!- Grito levantándose y poniéndose de rodillas delante de Saito que en este momento le miraba duramente.- La apuesta la hice yo... solo necesitaba una excusa para justificar lo que sentía por ti. Me prometí a mi mismo que solo lo haría para ganarle. Pero en realidad lo hice para estar contigo y tenerte sin tener que admitir… que me había enamorado como un perro de ti. Siento no haber sido sincero…
-Sanozuke… sigue. Ya volveremos a este asunto, pero ahora sigue. Luego que? Te fuiste?
-Si, me fui y él se quedó. Estuve charlando con tae y me senté bajo el roble de las traseras cuando apareciste tú. Después me caí, me trajiste a la habitación.
-mmm… luego te invite a viajar y comimos en el jardín…
-Eso no tiene nada de raro.
-Ya, pero algo no me cuadra… y tu dices que… No puede ser…- parecía que una de sus ideas terminaba de calentarse en su cerebro.- Cuéntame algo más sobre vuestra apuesta…
-Bueno, al principio yo no estaba seguro de que si Chou quería, ya te lo dije, lo iba hacer para contentar mi inconsciente, fue entonces cuando me di cuenta por la forma como te venera… tu ya lo sabias hace años no?
-No, nunca lo supe, solo lo supe ayer…
-si? Te lo dijo?- Se rascó una herida de la pierna que empezaba a cicatrizar.
-No te rasques! Bueno, de cierto modo me lo contó…
-Tae me dijo que antes de que yo viniese era el quien…- Se calló escondiendo las mejillas ruborizadas.
-Er…- Saito miró hacía otro lado – Que más te contó Tae?
-jajaja… nada, es muy discreta
-Ya lo veo que si… seguro que anda espiándome cada vez que hago el amor con alguien…
-Bah… tampoco haces el amor con nadie…
-eso también te lo dijo ella?
-Ajajaj… no… Oye tu crees que Chou nos vio aquel día?
-En la piscina?-
-Noo, cuando después de caerme del caballo y nos vinimos arriba…- Se enrojeció como un tomate.- Te acuerdas de que Chou nos interrumpió?
-Si.. Ahora que lo mencionas…- El silencio se hizo eterno. Tan solo el crepitar del fuego en la chimenea y sus respiraciones llenaban la habitación.
-Que pasa? Piensas en algo?
-No, no, nada. Será mejor que durmamos. Aun te duelen mucho las costillas?
-Si, y me duele abajo y también el pezón.- Lamió los labios rojos y hinchados.
-Uf… ven aquí, quédate entre mis brazos. Necesito tenerte cerca.. Aunque seas un traidor- Sano se metió bajo las sábanas rodeado por el cuerpo de Saito que susurra y besa su cabello.- te amo…
El chico suspiró y se cogió de su cuerpo con firmeza.
Cada vez que cerraba los ojos, recordaba la conversación. Trozos de ella venían a su mente como un rompecabezas. Sería que el amor de Chou le convertía en un sospechoso? Él mismo había dicho que haría cualquier cosa por su amor… Habría la policía pensado en ello? Creía que no, después de todo, lo más seguro es que ya hubiesen abandonado el caso. El inspector no daba señales de haber descubierto nada más… Inspector de pacotilla!!

Chou seguía en su habitación retorciéndose de odio. Después de todo lo que había hecho por Saito va y le dice en la cara que amaba a Sanozuke! Tendría que tener morro!
Sin embargo las palabras que había dicho también en aquella tarde no dejaban de volver una y otra vez a sus pensamientos haciendo que se preguntara si realmente matarse no seria lo mejor.
“No, lo que debería hacer era matarlos a los dos! Si no se queda conmigo no se queda con nadie más! Menos aun con ese guarro!” suspiró “ no… no puedo matar a Saito, le quiero, le amo…” abrazó la almohada que tenia sobre la cama y susurró:
- Te amo… te amo… - apretó los labios hasta que estos formaron una línea severa. Ni con todo su autocontrol pudo sostener las lágrimas de tristeza por el rechazo que sentía. Lloró sobre la cama y luego, tomado por un ataque de furia tiró la almohada al suelo.
- Argh! Qué odio! Porqué? Porqué me haces esto? Porqué tengo que seguir amándote de esta forma enfermiza??- Se levantó de la cama con un sollozo estrangulado y cogió de la mesita un abre cartas con el que apuñaló la pobre almohada.
Plumas blancas volaron por todos lados pero sus ojos veían sangre. Sangre de Sanozuke salpicándolo todo y su cuerpo deshecho y sin vida sobre el tapiz blanco. Dio una insana carcajada limpiando la imaginaria sangre de su cara.

La frágil salud de Sanozuke se fue fortaleciendo con el paso de los días. Incluso sus descontrolados nervios estaban cada día más controlados gracias a los calmantes. Saito le mantenía vigilado las 24 horas del día como un perro faldero. Pretendía transmitirle paz, tranquilidad y sobre todo el cariño del que se sentía necesitado.
Salían al jardín todas las mañanas a tomar el sol y caminar despacio por el césped cogidos de la mano.
Tae disfrutaba cada una de esas mañanas mirándolos a través del ojo de buey de la cocina. Aquel muchacho había devuelto la felicidad aquella casa y a su amo, enseñándole a amar de nuevo. Le había devuelto la vida.
-Sabes? estoy deseando poder volver a montar… me gustaría montar contigo. Nunca cabalgamos juntos.
-Es verdad. Tendré que comprarte un caballo.
-Quée?- el sol que traspasaba las ramas del árbol le iluminaba la cara sorprendida.
-Comprar un caballo… jajaja Uno para ti.
-Anda! Cómo me vas a comprar un caballo, tú estas loco!
-Loco por ti!- le sujetó la mano juguetona y le besó la mejilla.
-Sabes?..- se sonrojó- quisiera… hablarte de algo, unas cosas que…- bajó la mirada hacia sus zapatos marrones.
-Y bien? De qué se trata?
-Te acuerdas de lo que te dije hace tiempo? De que la culpa de todo esto era tuya?... – se le llenaron los ojos de lágrimas.- Yo… sé que no es así…
-Sano, ya hablamos de esto… lo siento.
-NO! Espera…- le silenció con un gesto de su dedo índice sobre sus labios.- Soy yo quien lo siente, no debí acusarte injustamente. Sé que la culpa no es tuya, yo estaba cegado por el dolor…- hizo una pausa en su discurso mientras respiraba hondo y tragaba emociones – Yo también sé que no he sido muy buen novio… hemos dormido en la misma cama y no te he dado nada.
-Yo solo quiero que seas feliz…- le besó el dedo.
-pero la cuestión es que quiero darte… quiero darme.- sonrió.- si prometes ser gentil quiero volver hacerlo contigo y volver a ser tuyo!
-ya eres mío, siempre lo has sido… sabes? hace muchos años sentí cómo es de difícil la situación por la que estás pasando, pero se puede superar, créeme el tiempo y el amor lo curan todo.
- Tú?- frunció el ceño.
- Eso ya no importa, pero me parece temprano para…
- Me parece que estoy listo, después de todo ya hacen 4 meses de lo que pasó… mis heridas están casi cicatrizadas… vayamos arriba…
Unos golpecitos en su muslo, una sonrisa inocente en los labios y le tenía rodeándole con sus brazos fuertes.
-‘Jime quiero tener hoy una noche de pasión…- le murmuró cerca de la oreja.

Fue una noche para olvidar y no ser olvidada, para volver a recordar en su piel cómo era ser amado con cariño y respeto por un hombre que esperaba con mirada hipnótica oír cada uno de sus suspiros. Ambos disfrutaron del placer que recibían uno del otro y se dejaron echados sobre la cama esperando recuperar el aliento.
-Sano..- Saito le dio un golpecito suave sobre el hombro.
-Si?... lo, lo siento, me quedé dormido…
-No importa.- con los ojos medio nublados se dio cuenta de que Saito se disponía a salir pues se estaba poniendo su cazadora.
-A dónde vas? No ibas a quedarte conmigo?... Ha pasado algo?
-No, no ha pasado nada. Pero tengo que salir y no quería que te despertases cuando ya no estuviese. Es que me han llamado de la comisaría, creo que han encontrado algo muy importante.
-Vale, pero ten cuidado.- Le besó.- Yo me quedaré aquí quietecito esperándote con ivi. Por favor no tardes.
-Iré volando.- salió sin decir nada más.
Al cabo de un rato dejó de oír sus pasos por el pasillo de piedra.
-Ivi, no te parece raro que le llamen a estas horas de la comisaría? Encima con ese vago de detective… tiene que ser algo muy muy importante…- el can suspiró fuertemente como contestación.

-Señor, pasó algo? A dónde va a estas horas?
-Nada grave Chou, vuelve a la cama, no necesitaré nada.
-pero.. Pero no es costumbre que salga usted a estas horas…
-Me han llamado de la comisaría, creo que han encontrado el culpable y quieren detenerlo lo más rápido posible.
-Si? Cómo…- Saito bajó las escaleras con Chou siempre detrás de él.
-Pues, no sé. El detective puso a unos cuantos agentes infiltrados, los que contraté como nuevos guardias de seguridad… habrán descubierto algo. Tráeme las llaves de mi nueva Yamaha FJR.
-Ah.. sí, un momento…
-Gracias, no tardaré. Cuida de Sanozuke mientras estoy fuera.
-Claro señor.- Saito salió a buscar su moto y en unos instantes escuchó el ruido del motor alejándose de la casa. “me encargaré muy bien de él…”

Entró silenciosamente en la habitación. Un bulto cubierto por una sábana blanca escondía el desnudo cuerpo de Sanozuke. Ivi se acomodaba sobre la cama vigilante. A veces abría un ojo para controlar los alrededores. Su sombra se agitó y el perro se levantó despertando al chico de ojos oscuros.
-Qué pasa, Ivi?- las sombras ignoraron la pregunta y danzaron más aún por el crepitar del fuego en la chimenea. – Me estás asustando…
Ladró, sin apartar la mirada de la esquina oscura esperando que algo saliese de allí.
-Ivi, no hay nada allí… sólo está oscuro… no?- El perro le miró, y volvió a ladrar de forma persistente hasta que tras unos segundos,que para Sanozuke se hicieron una eternidad, un hombre vestido de negro salió a la luz. –Quién eres tu?
-No me conoces? Mejor, no me reconoces?
Sanozuke se encogió tras su mascota guardián.
-Chou?
-Si, soy yo…- se adelantó unos pasos.
-Quieres decir que… tú…- soltó un gemido ahogado por el doloros recuerdo de aquella noche.- Por qué? Yo nunca te hice nada!
-Hijo de puta! Lo hiciste todo! Te acostaste con Hajime!
-Ésa era mi obligación.- añadió Sano.
-Jódete niñato! Lo único que hiciste fue robar lo que me pertenecía!
-Yo no te robé nada!- exclamó.- Saito no es tuyo!
-Eso, ahora ya no importa… me has cabreado…- Le enseñó un cuchillo de la cocina que sacó despacio del bolsillo.
-Chou.. no!- Gritó y el valiente perro se tiró sobre el rubio cogiendo su delgaducho brazo entre sus puntiagudas fauces. El cuchillo cayó al suelo.
-AHHH- rugió de dolor al mismo tiempo que lanzaba al perro contra la pared sin importarle la herida que escurría de su brazo derecho.
Ivi le soltó cuando todo se volvió oscuro en sus ojitos caninos.
-Tú mismo te has buscado esto, rata.. crees que me engañarás? Tú sólo quieres el dinero que tiene Saito, en cambió yo sólo quiero su amor, sus besos, sus abrazos…
-Chou…- intentó alejarlo con las manos- yo no sabia que le amabas cuando pasó esto entre él y yo…
-Mientes!- repuso- Tú mismo me lo dijiste cuando viniste a esta casa! No sé que habrás hecho para volverle loco de esta forma… ya no quiere mis cariños, ni desea más mi compañía como hacía antes de que tú vinieses! Antes… él me lo contaba todo, yo era su brazo derecho…- musitó- yo … YO joder! La única salida es matarte!
-Chou.. por eso salió Saito? Tú llamaste por la policía y le engañaste!
-Te equivocas… yo no llamé a la policía. Y aunque deseaba ardientemente este momento no fui yo quien creó la ocasión… se creó sola. No la pienso desperdiciar!
-Qué estas diciendo?
-Que te voy a matar!! AJAJAJAJA…
-si… me matas te arrestarán y no podrás estar con Saito.- un rastro de sangre se habría camino por las sabanas a cada movimiento lento de Chou intentando acercarse.
-Eso ya no me importa! Tu tampoco estarás con él! Nunca podré soportar el hecho de que tú le hayas tenido, hayas besado sus labios, hayas tenido su piel y su calor… mientras que yo nunca sentí nada como eso! Nunca me hizo hombre!
-Lo siento, no sabia que le querías con tanta desesperación… dame el cuchillo, déjame que te vea el brazo.
-Quieto! No creas que soy tonto! Tú eres mi peor enemigo Sanozuke!- De la forma más inesperada le cogió por el cuello empujándole contra la pared.
- Espero que te hayas divertido mucho esta noche… No es divertido tener que masturbarme en mi cama mientras me consumo de odio al oír tus asquerosos gemidos de placer junto con los suyos. Espero que la recuerdes bien, porque fue la última de tu vida.
-Por favor.- susurró con el rostro contraído por el dolor.
-Nunca me gustaste, te habrías hecho un favor al morirte cuando te caíste del caballo. Aunque por otra parte yo me habría perdido ese show fantástico que hiciste con los matones que contraté. Te gustó un montón porque te corriste unas cuantas veces! – sano dejó de resistirse.
Escuchó las carcajadas insanas del mayordomo y se dio cuenta de que le había soltado. Tosió para aliviarse de la presión en su garganta.
-había pensado en ahogarte pero será mejor que te descuartice y empezaré por tu polla…
-No! No me toques!- gritó pegando un salto para intentar correr y llegar a la puerta pero una mano larga se cerró en su cabello y le derribó.
-Aún tienes mucha energía! Jajaja dejarás de tenerla en un momento.. Venga levántate, y échate sobre la cama!
-No! Déjame en paz!
-VENGA!- le pegó una patada en el muslo y Sano lloriqueó por el impacto.
-Ivi…- susurró subiendo a la cama. El perro no dio respuesta, seguía inconsciente en el suelo. Una vez más estaba solo, sin nadie que le ayudase. Había soportado cosas horribles una vez, no sabía si tenía fuerzas para aguantar una segunda.
Cerró los ojos. Saito… estaría ahora tan lejos de allí que no le valía ni la pena gritar. Le había prometido que le protegería para siempre, que estaría siempre a su lado y no dudó ni un segundo de sus palabras seguras. Pero ahora… le había abandonado otra vez. ¿Es que ya no le importaba?
Absorbió el olor de las sábanas con la cabeza pegada a ellas.
-Ve rezando tus últimas plegarias porque estoy deseando empezar…
-Eres consciente de que si me matas tu final será como el mío?
-Ya te he dicho que eso no me importa! No me importa que me condenen… sólo quiero librarme de tí!
-no creo que estés tan impaciente como me has dicho…
-Estas probando mi paciencia, gusano?- Sano siguió sobre la cama de espaldas a él.
-Si lo estuvieses, y sin importarte realmente ser condenado por mi muerte, me habrías matado cualquier día, incluso con Hajime cerca. Creo que hay algún motivo por el que me has dejado vivir hasta ahora…
-Lo hay?- preguntó limpiándose las uñas con el cuchillo.
-no lo sé, me lo tendrás que contestar tú…
- No lo hay. De hecho, tienes razón, debí hacerlo hace mucho tiempo, creo que fue por cobardía. Bueno, date la vuelta… eso es, quiero verte la cara.
Allí estaba de nuevo, desnudo y listo para volver a seducir a la muerte… recorrió su interior con los pensamientos de que salvarse una tercera vez seria un milagro. Si por lo menos Ivi estuviese despierto…
Estaba seguro de que no podría defenderse de Chou, aunque tuviesen la misma estatura, el rubio estaba loco y las personas locas suelen tener una fuerza sobrehumana.
Mientras transcurría el momento de moverse pensó que habría sido mejor no haber ido nunca a parar aquella casa… se escapó por un milímetro del cuchillo que se clavó a su lado en la cama. En medió de un salto que podría conducirle a la salvación perdió el equilibrio y se desplomó en el suelo. Chou recuperó el cuchillo y se tiró sobre él intentando atravesarle. Se revolcaron en el suelo, forcejeando como dos niños en un juego a muerte.
-No pienso dejarte vivo! Maldita puta!- Sanozuke aprovechó el brazo herido del mayordomo y le volvió a morder por encima.- ahh…
-aléjate de mi!- gateó unos metros para mantenerle a distancia.
-No te esfuerces.. Sabes que sólo uno de nosotros saldrá de aquí vivo y seré yo…
-Eso no está en mis planes… No pienso dejar que me mates!
-No me desafíes! Ya me has cabreado lo suficiente!
Llenó el pecho de aire y ganó coraje:
-Si vas a matarme tendrá que ser en una pelea, no pienso echarme sobre la cama para que lo hagas
-Zorra!- Chou no se rindió, le empujó al suelo con fuerzas redobladas. Logró herirle en un brazo. Aturdido Sano le arreó una patada para volverlo alejar.- Saito es mío!
-Las personas no son de nadie! Le has preguntado, acaso, si quiere quedarse contigo?
-si
-Él es el único que puede decidir. Y bien? Qué te dijo? Si te eligió a ti, me iré sin causarte más problemas.
-No, no me eligió a mí. Te eligió a ti!
-Pero yo no tengo la culpa!- necesitaba ganar tiempo para que Ivi se despertase.
Aunque fuese invierno y estuviese desnudo el sudor se acumulaba en las zonas cóncavas de su cuerpo. El calor se disparaba en la habitación.
-Sí que tienes la culpa. Si le has seducido!
-Ése era mi trabajo!- Añadió una vez más recuperando la respiración.- Para eso me compró, o se te ha olvidado?
-Cómo crees que se me va a olvidar? Tú eres el único que se olvida de que él se tiró a un asqueroso guarro sin dar valor a lo que yo le di toda mi vida! Cómo crees que me siento?
-Oye Chou…
-No! Escúchame tú, no hay espacio para tí en esta casa, debiste largarte aquella misma noche en que llegaste.
-Eso era lo que querías desde el principio? Pues me largaré ahora mismo y te dejaré a solas con Hajime.- murmuró
-AJAJAJA crees que soy estupido? Ahora que ya sabes quién es el culpable no te voy a dejar salir de aquí con vida!
-De todos modos la policía ya lo sabe! Que más te da!
-Se acabó la charla!- Una embestida más y los dos volvieron al suelo. Sano intentaba con todas sus fuerzas mantenerse alejado de la mano que sujetaba el cuchillo. Sano gimió, le temblaba el brazo y no podría aguantar lo suficiente como para escaparse de que se lo clavase en el cuello.
-Lo siento….- le pegó un rodillazo en la ingle y le robó el cuchillo en un acto innato…
-AHHH devuélveme el… - Los ojos de Chou se le agrandaron al darse cuenta del cuchillo clavado en su estomago. La sorpresa y la incredulidad de los dos se deshicieron cuando la puerta de la habitación se abrió y Saito acompañado del detective entró.
-SANOZUKE!
-Saito!- sano corrió hacia la puerta y se tiró en los brazos de su amante.- Saito, Chou intentó… fue él! Él era el hombre de negro!
-Estas bien?- le abrazó sin quitar nunca sus ojos de encima del asesino.
-Si…
-Bueno, voy a tener que detenerle…- Dijo por primera vez el detective sacando de su bolsillo unas esposas plateadas.
-No, déjele… no ve que se está muriendo? Llame a una ambulancia!
-Hajime…- Chou se había caído al suelo por el dolor que le causaba la herida. Estaba perdiendo mucha sangre. Buscó la mano de Saito.- yo te amo…- tosió y un coágulo de sangre le escurrió de la boca manchándole la mejilla.
Sanozuke se quedó allí encogido sobre la cama mirando aquella inusual escena.
-Nunca creí que pudieses hacerme esto…
-Señor, hasta mi último suspiro voy a quererle y…- su voz cansada se hacía más baja.- sólo me duele que no haya nadie que llore por mi cuando me vaya…
-me has decepcionado, yo confié en ti!
-No… -le cogió la cara entre sus manos ensangrentadas- Lo hice por usted… porque le amo…
-YA VIENE LA AMBULANCIA… y tú jovencito, coge algo de ropa… estás detenido.
-QUÉ??!!- contestaron los dos a la vez.



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