4 de fevereiro de 2014

Después del fin- capitulo cuarto





Capitulo Cuarto

Habla Richard


Regresamos al túnel del metro y tal y como nos lo esperábamos nuestros mantenimientos seguían escondidos en el mismo lugar que los habíamos dejado. Los recogimos y nos dispusimos a entrar a la plataforma de tren.




Estaba oscuro, muy oscuro. Las luces que anteriormente iluminaban las escaleras y la plataforma ya no funcionaban hacia años. Iluminé con mi linterna los escalones pero más allá del reflejo de la linterna solo había más penumbra.

Por momentos tuve mis dudas sobre si este camino fuese el más adecuado, pero deberíamos desaparecer si queríamos sobrevivir.

Bajamos las escaleras mecánicas, polvorientas. En las paredes todavía se mantenían los posters de algunas películas famosas en buen estado. Apunté la linterna a mí alrededor.

—Ben, mira…— Señalé un cartel de una película de ficción científica que me había gustado ver. Él la miró y después con su linterna apuntó al poster de al lado, Star trek. Allí estaba su imagen, de cabello negro peinado hacia tras, vistiendo unos pantalones de cuero. Lo miramos durante un instante, después apartó la linterna y dijo con voz llena de una triste melancolía:

—Esa también la he visto… — No dijo nada más mientras bajamos y llegamos a la línea de tren.

La plataforma era una gigantesca galería que en tiempos estuvo tan llena de gente que casi habría sido difícil dar un paso sin golpear o ser golpeado por alguien. Ahora estaba tan vacía que las corrientes de aire eran muy perceptibles y nos provocaban escalofríos.

Saqué el mapa de trenes que había recogido del suelo y traté de leerlo con la linterna.

—Deberíamos ir a la derecha.— Murmuré.

—Está bien.— Su linterna inspeccionó unos de los trenes detenido en la línea.— Ven, hay que bajar por aquí.

Me senté en el borde del raíl antes de saltar a la línea.

Un grito en la oscuridad me hizo apuntar la linterna. Era como el eco de algo muy lejos en la oscuridad del túnel. En ese momento una sensación fantasmagórica se apoderó de mí, no era solo el miedo de cruzarme con algo que no fuese de carne y hueso, había aprendido que habían cosas mucho más horribles que en mis pesadillas.

—¿Qué ha sido eso?— Susurré con la respiración entrecortada.

—Puede ser cualquier cosa.— Nos agachamos junto a las ruedas del comboy. Apoyé mi cabeza en el metal frío de la maquina.

—No sé si esto es una buena idea, empiezo a tener mis dudas.

—Sí no hacemos ruido, todo saldrá bien.— Su mano buscó la mía y la apretó.— Pronto nos acostumbraremos a los ruidos. Cuando viaje por los otros túneles también tuvimos que adaptarnos.

—No sé si todo es cuestión de adaptarse…

—Lo es, hay miles de galerías, que oigas cosas no significa que estén cerca.— Apreté su mano como respuesta y me forcé a seguirle.

Seguimos por el rail durante mucho tiempo, sintiendo las ratas corretear a nuestro lado temerosas de nuestra presencia, acechándonos como cobardes. Caminar en la oscuridad puede ser tremendamente desorientador, hace que el tiempo se vuelva mucho más lento pero sin embargo Benedict tenía razón los sonidos y ecos que escuchaba venían desde algún lunar en el subterráneo, pero no cerca.

En algunas zonas de la línea, el aire parecía adquirir un aspecto distinto, luminoso. Pequeñas partículas de color verde flotaban como si de insectos se tratasen. Iluminaba lo suficiente para dejarme ver setas y otros hongos proliferando en ese espacio. Mi experiencia me decía que no era más que polvo radioactivo parpadeando.

Una de las cosas que distinguí fue el asqueroso ruido de mis botas caminando sobre algo pegajoso. Apunté la linterna y pude confirmarlo. Levanté el pié del suelo y largos trozos de esa cosa viscosa formaban adherencias entre mi zapato y el suelo. Iluminé los pies de Benedict y parecía que también estaba en la misma situación.

Encendió su linterna para iluminar las pareces y el techo.

—Esto es asqueroso.— Murmuró, la sustancia parecía cubrir cada vez más el pasaje que a los diez metros curvaba a la derecha.

—¿Habías visto algo como esto?— Pregunté.

—No, nunca. ¿Y tú?

—Tampoco.— Toqué con el dedo en la pared y recogí un poco entre el índice y el pulgar.— Parece material biológico…

—¿Qué quieres decir que es una especie de moco?

—Parece algo animal…— Dije sacando mi arma de la funda.

Caminamos con más cuidado puesto que a sustancia era bastante resbaladiza.

Al recorrer la curva que hacia la línea de tren nos deparamos con el verdadero motivo de la existencia de esa sustancia. Estaba allí para sujetar huevos, muchos, del tamaño de pelotas de futbol.

Benedict apuntó con la linterna y pudimos ver la silueta de algo que se movía en el interior. Deberían haber unos doscientos o más, amontonados en el suelo, pegados a las paredes o colgando del techo.

Olía a podrido y además la concentración de radioactividad era alta porque los destellos brillantes se confundían con los hongos y la sustancia que resbalaba por las paredes.

—¿Qué coño habrá puesto estos huevos?— Me pregunté.

—No creo que nos apetezca descubrirlo… cuidado con los pies.— Advirtió. Yo le seguí pegado como una lapa. Mientras cruzábamos el nido podíamos escuchar el arañar de las criaturas dentro de los huevos, quizás molestas por la luz, quizás tratando de eclosionar.

—Si sale algo de ahí… me cago en los pantalones.— Dije entre dientes.

Mientras cruzamos el nido ninguno de los huevos se abrió y nosotros nos alejamos en la seguridad de la oscuridad del túnel.

Cada vez que miraba hacia tras podía verlos, a lo lejos, brillando y no podía dejar de recordar que la madre de esas cosas andaría por allí y que muy pronto todos esos saldrían…

Las estalactitas se hacían notar cada vez más cuanto más nos acercábamos al rio. Deberíamos cruzarlo y llegar al lado norte.

Muchos metros más adelante al lado izquierdo del túnel nos deparamos con unas pequeñas escaleras de metal y una puerta. Tenía un oportuno cartel de prohibido el paso a personas extrañas y estaba cerrada con una cadena y un candado.

—Será mejor que descansemos ahí dentro.— Metió la catana por la cadena y dio varios golpes hasta que se rompió el candado. Pasé con el arma en una mano y la linterna en la otra.

La sala era pequeña, tendría unos tres metros por tres y obviamente era una sala de maquinas. No sabría decir para que servirían pero parecían mucho sistemas eléctricos e incluso había guardado allí unas enormes pala de un sistema de aire acondicionado. Las maquinas estaban bastante viejas, el metal que las revestía estaba corroído por la humedad. Observé varios cables que cruzaban el techo, tan gruesos como el puño de un hombre, atravesaban la pared y seguían hacia el túnel.

El suelo era de piedra en bruto.

Se habían dejado allí papeles, un extintor, cables y otros utensilios como martillos y palas.

—No hay nada para bloquear la puerta.— protesté.

—Podremos sujetarla con los cables, aunque no sea muy efectivo.— posé la linterna en el suelo y la dejé apuntando en la nuestra dirección. Con los cables que había en el suelo, atamos bien la puerta por la cerradura.

— No creo que nada entre sin que nos demos cuenta.— murmuré antes de dejarme caer al suelo.— Siento como si hubiese caminado un millón de años.

—Es que creo que lo hemos hecho.— sonrió y se sentó a mi lado quitándose la mochila.

—A ver dónde estamos…— volví a consultar el mapa del metro.— Deberíamos estar cerca de Notre Dame, todavía hay que cruzar otra parte del rio.— Guardé el mapa y me abracé a mis rodillas. Le oí suspirar antes de abrazar mi espalda.

—Quiero dormir abrazado a ti.— Dijo en mi oreja.

—Todo va a ir bien.— Le prometí devolviéndole el abrazo. Sabía que no podía prometerle algo así, pero necesitábamos agarrarnos a algo para continuar y en aquel momento lo único que nos quedaba era nuestro amor y la esperanza de un lugar mejor.

Busqué sus labios y los besé con dulzura. El me retribuyó el beso y siguió besándome el rostro y el pescuezo, frotando su nariz en mi piel.

—Todavía puedo oler esas cremas tan pijas que te pusiste después de afeitar.— El dio una suave carcajada contra mi cuello.

—Es una pena que no las haya traído.

—En absoluto.— Acaricié su rostro con los dedos por un instante y después bajé a su entrepierna. Su mano se posó sobre la mía para que me detuviese.

—Aquí no es un buen sitio.— Protestó.

—Nunca habrá un buen sitio, Benedict.— Le miré a los ojos que me parecieron muy oscuros por la poca luz que había.

Él suspiró y soltó mi mano. Yo estaba en lo cierto y ambos estábamos muy necesitados de contacto.

Besé sus labios, besos mojados y exigentes sobre su boca. Él permitió mi intrusión y correspondió buscando con sus largos dedos la bragueta de mi pantalón.

Sin nunca separar mis labios de los suyos le empujé hasta que se quedó costado en el suelo. Sujeté sus manos contra su pecho para poder restregarme contra su cuerpo. Nuestras cinturas ondularon de forma rítmica, constante.

-No… estoy cerca.- Gimió su suplica en mi boca.

Abrí mi bragueta y apenas desnudé una pierna del pantalón. Volví a sentarme a horcajadas sobre su cintura. Benedict colocó cada una de sus enormes manos sobre mis glúteos y los arañó con suavidad.

Sonreí disfrutando con la caricia.

Mi pene balanceaba erecto entre mis piernas, sin vergüenzas o pudores.

Abrí su pantalón lo suficiente para dejarle libre. Lo miré mordiéndome el labio, él estaba firme, hinchado y su glande expuesta y lubricada por el jugo pre seminal. Estaba listo para lo que yo quisiera.

-Mmm no se si esto va a durar mucho…- apreté un poco el glande con mis dedos y Benedict dio un bote que me hizo saltar sobre su cintura.

-Lo siento.- Suspiró y cerró los ojos. Di una pequeña carcajada. Me pareció lo mas erótico así, luchando contra las ganas de alivio.

Yo no me había lubricado pero su pene estaba bastante mojado. Lo guié hasta mi entrada apretada solo para torturarle un poco más. Fijé mi mirada en él mientras bajaba y me ensartaba por completo. Benedict cerró los dientes y puso los ojos en blanco. Todo su cuerpo se tensaba, la yugular aumentó de calibre.

Dios, el placer de verle así compensaba el intenso dolor que sentí en ese momento.

-Ben…- gemí y moví mi cintura en círculos.

-Richard… oh…- Sujetó mis nalgas con fuerza antes de empezar a moverse impulsando sus caderas y clavándose en lo más profundo de mi cuerpo.

La sangre golpeaba en nuestros oídos al compas de una antigua danza, algo primitivo.

Para Benedict no hicieron falta más que una docena de estocadas para correrse y clavar las yemas de sus dedos en mi piel.

Yo tardé un poco más pero sus movimientos profundos e irregulares acabaron por derribar mis defensas haciendo una desastrosa demonstración de mi placer sobre su ropa.

Mis gemidos fueron ahogados por sus besos fieros en el calor del orgasmo.

-Me gustas…- ronroneé. Él rio recuperando el aliento.

-No sé si soy yo lo que te gusta o lo que tengo.

-Ambas cosas, pero no esperes que te lo diga a menudo. No quiero que te vuelvas pretencioso.- Me mantenía sentado en su cintura. Benedict me sujetó por los brazos de forma juguetona y me empujó a su lado.

-Eso no pasaría, se lidiar con los cumplidos.- Su mano acarició mi cuello y me atrajo para otro beso pero este fue lento, saboreándome sin prisas.- Tú también me gustas.

-Siempre me han dicho que no me fie de las promesas de amor de un hombre después de un buen orgasmo.- Le espeté antes de reírme.

-Pero si tú fuiste el primero en…- Le guiñé el ojo y acosté mi cabeza sobre su pecho. Escuché su corazón desbocado y su respiración normalizándose lentamente.

Apague la linterna.

Dormimos durante bastante tiempo. No sé si realmente paso mucho tiempo o si mis sentidos entorpecidos así lo creyeron.

Nuestros cuerpos se mantuvieron abrazados en el duro suelo. El frio atravesaba mi ropa y se colaba hasta los huesos.

—Me duelen las rodillas por el frío.— Protesté con la cara metida en su cuello.

—Cogeremos una neumonía si seguimos aquí.— Me dio la razón.— ¿pudiste dormir algo?

—Muy poco.— Ben se movió y yo me levanté.

—Tengo hambre ¿Qué hay de comer?— Preguntó justo antes de encender la linterna. Yo metí la mano en la mochila a ciegas.

—A ver que toca…— Elegí una lata al azar y después leí el rotulo: “Judías con carne” Volví a meter la mano y saqué otra cosa:— O quizás prefieras un delicioso snack de suplemento alimenticio.

—Todo suena tan rico que no sé ni que elegir.— Le sonreí sintiendo la misma motivación.

—Yo tampoco sabría que elegir así que te quedas con las judías.— Le lancé la lata.

—Estoy arto de judías, de frijoles y de cosas enlatadas. No sé cuando volveremos a comer pollo, amo el pollo…— Gruñó frunciendo la nariz de forma graciosa.

—¿Y la polla?— Pregunté de forma pícara. Benedict me miró con picardía y me dejó ver una de sus mejores sonrisas ladeadas.

—Será mejor que me centre en las judías.

Di una carcajada divertida mientras el abría la lata y metía los dedos para comer.

—¿Parece que vamos bien no?

—Sí, pero deberías tomarte una pastilla para el dolor, todavía me parece que caminaremos mucho.

—No, prefiero ahorrarlas por si realmente las necesitamos.

—Me parece prudente pero si estás mal no podremos continuar a buen ritmo.— Dejó la lata en el suelo y se lamio los dedos.

—Se me pasará en cuanto empecemos a caminar de nuevo.— Di un suspiro y mordisqueé la barrita.— ¿No vas a comer más?

—No, he comido una lata de carne de perro mejor que esas judías.— protestó y se levantó. Le vi alejarse hacia la pared de piedra y desabrochar la cremallera de sus pantalones. El indiscutible ruido de su orina caer al suelo.— ¿Sabes lo que se dice?, no dejes que el apocalipsis te pille con la vejiga llena.

—¿No era con el pantalón en la mano?— pregunté cerrando la mochila. Él dio una suave risita y se arregló.

—Nunca me acostumbraré a no lavarme las manos… aunque al fin de todo este tiempo casi lo logro.

—Ya… yo no me acostumbro a no lavarme el culo después que me folles..— protesté de forma divertida y él me abrazó y me apretó por la cintura contra la suya antes de propinarme un beso.

—Así no se te olvidará tan pronto…— la puerta de la sala dio un golpe y los cables se agitaron manteniéndola en su lugar.

Hicimos silencio al instante.

Un nuevo golpe y como por instinto nos agachamos. Retiré mi arma lentamente de la pistolera y apunté en dirección a la puerta de metal apenas iluminada de forma sutil por la linterna posada en el suelo.

Un resoplido se hizo escuchar cuando algo olfateó por debajo de la puerta antes de propinar un nuevo golpe.

Al parecer alguna cosa nos había rastreado hasta allí y ahora le parecía un buen momento para devorarnos.

—Sea lo que sea, hay que evitar disparar aquí, se oirá en todo el túnel a lo largo de muchos metros.— murmuró. En ese instante el resoplido se detuvo y dio inicio a un intento más agresivo de empujar la puerta.

Escuché un gruñido profundo por lo que deduje que sería algún animal de gran porte y que los cables no aguantarían por mucho tiempo. Volvió a embestir con fuerza haciéndonos temblar de expectativa, miedo, ansiedad.

—¿Qué sugieres? ¿Quedarnos aquí hasta que se aburra?

—No le veo con pinta de quien se vaya a aburrir.— El cable se estiraba un poco.— Ve allí, al otro lado de la puerta y agáchate. No te muevas, pase lo que pase.

Besó mis labios.

La criatura que golpeaba la puerta en este momento debería estar segura de que nos encontrábamos allí, no solo nos había olfateado pero ahora también nos había oído.

No pasaron más de tres minutos hasta que uno de sus golpes acompañado por una especie de ladrido áspero lograse reventar los cabos y abrir la puerta.

Cuando la puerta se abrió, lo hizo con tanta violencia que se clavó en la pared de piedra creando un compartimento secreto justo dónde Benedict me dijo que me agachara. Dejé de verle a él y a la criatura y me quedé rodeado por las paredes y la puerta.

Escuché un grito y varios bramidos. Traté de empujar la puerta para salir pero me di cuenta que estaba realmente clavada en la pared. Volví a empujar mientras los roznidos continuaban, mi corazón pulsaba fuerte en mi cabeza y la puerta no se movía ni un centímetro.

Quise llorar de angustia por no poder ayudarle, grité también empujando con toda la fuerza que logre reunir, pero en vano. Decidí que patear era la solución.

—¡Ben!— Mas chillidos, los míos, sus pasos… un rugido ensordecedor y después solo silencio.— Ben…

Temblé en la oscuridad y dejé que el llanto me invadiese y las lágrimas cayesen por mi rostro. Me di cuenta en ese momento que no lloraba por el miedo de mi inminente muerte pero por la certeza de la suya.

—Ric.— Su voz sonaba cansada al otro lado pero me trajo a la realidad.— Espera.

—¿Estás bien?— Quise saber, quise abrazarlo de inmediato.

—Más o menos. Espera.— pidió de nuevo.

Yo esperé mientras le escuchaba arrastrar algo pesado y después vi la punta de la catana meterse en los encajes de la puerta. Trató de quebrar los encajes pero estos no cedieron tampoco.

—¿Puedes trepar por encima?— preguntó.

—Sí, si pongo los pies en la pared creo que podré.

Cuando por fin llegue a salir de ese cubículo pude observar lo que había pasado allí. Un mutaperro negro con más de metro y medio de tamaño, ojos rojos y saltones, de dientes aguzados y garras punzantes yacía en el suelo con los costados traspasados.

Benedict seguía de pié al lado del animal, de hombros caídos, cubierto de sangre y la catana en la mano. Le abracé y le reviste para asegurarme de que no había sufrido ninguna herida.

Su mirada aun conservaba la fiereza que debía de haber ostentado durante la pelea pero ahora empezaba a suavizarse.

Sera mejor que nos marchemos antes de que aparezcan mas…— sujeté su mano y salimos hacia el túnel. Sabíamos por larga experiencia que los mutaperros conservaban el instinto de moverse en jauría.



Antes nos hubiésemos preocupado con cosas muchos más fútiles como la ropa que nos pondríamos o el perfume que compraríamos, ahora solo había una cosa que recorría cada neurona de nuestro cerebro: ¿Sobreviviré hasta mañana?

—¿Cómo hiciste eso?— Pregunté en un susurro mientras caminábamos por el túnel. Benedict limpió la sangre de su rostro con la manga de la chaqueta.

—Hay algo que me ha pasado…— empezó a decir— ¿Sabes cuando todos fuimos irradiados?

—Si.— contesté, ¿Cómo podría olvidarlo?

—No solo sobreviví a ello, algo ocurrió conmigo…— Dijo sin mirarme.

—¿Qué clase de cosa?— La curiosidad era mayor que yo.

—No sé cómo decir esto sin caer en lo ridículo, pero, creo que he desarrollado súper poderes.— Me detuve y le miré a los ojos iluminándole la cara con la linterna. Sus pupilas se contrajeron como respuesta a la luz.— Por eso no quise que lo vieses.

Yo abrí la boca pasmado por su súbita confesión.

—Ben, yo…— Él suspiró.

—Tú eres un inocente.— Dijo por fin y le senté una colleja al instante.— Aprendí a esgrimir la catana para star trek.

—¿Por qué no lo dijiste simplemente?— Retomé el camino.

—¿No es más divertido ir descubriendo mis atractivos a poco y poco?— dijo en forma de broma.

—Eres un bellotero. — Le di la espalda y empecé a caminar.

No era que la idea de los súper poderes no fuera fantástica, sobrevivir a esa cantidad de radiación ya era por si solo algo sobrehumano. Benedict apretó el paso y me propinó un beso en la mejilla.

—No trates de comprar mi perdón con besos.— Protesté.— Antes, cuando te encontramos, ¿fue un mutaperro lo que te atacó?

—No. Era otra cosa, deberíamos empezar a catalogar las nuevas especies que nos encontramos.

—No estaría mal, porque eso es algo que nunca había visto...— Apunté con la linterna a unos diez metros de nosotros y pudimos ver algo, como un lagarto del tamaño de un cocodrilo que arrastraba un cadáver humano a un agujero en la lateral del túnel.

Nos acercamos sigilosamente, deberíamos cruzar por ahí si queríamos seguir nuestro camino. Caminando de puntillas para pasar desapercibidos pero el lagarto y su festín ya se habían sumergido en la oscuridad de su escondite.

Casi respiramos de alivio cuando llegamos a la plataforma y pudimos subir las escaleras mojadas que nos llevarían al exterior. Una vez arriba la estación se parecía mucho a la estación por dónde habíamos descendido. Toda esa parte estaba halagada y podíamos escuchar el ruido de agua cayendo en el silencio.

Seguí el ruido hasta los baños públicos en el interior de la estación. El suelo tenía como un centímetro de agua por una cascada que chorraba de un antiguo conducto de ventilación. Sonreí.

—Oh, ¡Dios! Por fin voy a poder ducharme.— Murmuré dejando mi mochila sobre uno de los lavamanos.— Venga Ben, cierra la puerta.

Benedict pareció desconfiado en el principio pero cuando vio que me empezaba a desnudar, se dio cuenta que yo hablaba en serio y cerró la puerta sin hacer ruido.

El agua estaba helada, pero hacían semanas que no me duchaba así que traté de ignorar el frio frotando mis muslos y vientre.

—¿No vienes?— Probé.

—Alguien debería vigilar.— gruñó y yo sonreí pícaro.

—¿Estás con miedo de distraerte con algo?— Miré sobre mi hombro antes de guiñarle un ojo. Él sonrió y asintió dejando su arma sobre el lavabo. Se despojó de sus ropas y caminó en mi dirección.

Sus manos acariciaron mis nalgas cuando se acercó a mí, sus labios besaron mi nuca arrimando su pecho a mi espalda.

Froté mi piel con fuerza esperando poder eliminar alguna de la suciedad incrustada de tantos días. Los dientes de Ben sujetaron el lóbulo de mi oreja y pude notar la presión de su pene en mis muslos.

—Cuidado no te vayas a distraer demasiado...— susurré. Él soltó un gemido y me sujetó por los brazos.

—No hagas ruido.— Pidió guiando su polla hasta la raja de mis nalgas haciéndola resbalar entre ellas.

Cerré las piernas con fuerza dejándole atrapado entre mis muslos. El agua estaba helada pero sentí su cuerpo muy caliente contra el mío. Sus manos subieron por mi torso y pellizcaron mis pezones rotándolos entre sus largos dedos, estimulándolos con apretones y caricias.

No pude evitar un lloriqueo de placer que fue ignorado por Ben mientras empezaba a moverse contra mis muslos cerrados, masturbándose entre ellos. Podía sentir como se rozaba en mi perineo y golpeaba mis testículos con su glande.

Su boca recorrió mi cuello antes de apoyar su frente en mi hombro.

—Acaríciate...— pidió con la voz entrecortada.

Todo fue rápido, duro y muy placentero. No tardé nada en correrme atrapado entre sus brazos. La respiración de Ben se volvió mucho más irregular y sentí un chorro caliente entre mis piernas, una sustancia mucho más pegajosa y resbaladiza que el agua.

Me di la vuelta, le besé introduciendo mi lengua en su boca con descaro, rodeando su cuello con los brazos

— Me gustaría que tuviésemos jabón.— Confesé.

—Quizás lo tengamos.— Se acercó al lavabo y abrió la caja del dispensario del gel de manos.— Hay un poco de esto.— Lo cogió en la palma de la mano y lo colocó sobre mi cabeza. No era champú, ni siquiera era un buen gel de ducha pero desde luego olía mucho mejor que nosotros.

—Es horrible que tenga que volver a vestir la misma ropa.— protesté.

—No podemos quedarnos y lavarlo, aquí no.— Benedict había terminado su ducha y empezaba a vestirse aun completamente mojado. Seguí su ejemplo.

Recogí mis cosas y el arma la sujeté con firmeza en la mano.

—Y cuando tengamos ropa limpia no tendremos ducha.— Abrí la puerta para comprobar que el paso estaba libre.

Salimos de los túneles y de nuevo estábamos en la ciudad. Desde allí se podía ver el rio, corriendo en su lecho de aguas negras. Pude incluso discernir cerca del margen algunos lagartos de los que viera en el túnel y eso me hizo temblar. ¿Qué clase de criaturas vivirían en el agua?

—Vamos, hay que encontrar refugio.— El cielo estaba completamente gris y una tormenta eléctrica parecía acercarse. La mano de Benedict acarició la mía y por un instante mis miedos se desvanecieron.

Encontramos cobijo en un túnel, por muy irónico que parezca, pero era un antiguo puente de carretera. Por lo que podíamos observar los indigentes ya lo habían usado antes de nosotros y era un escondite perfecto. Se entraba por una puerta diminuta que pasaba desapercibida tras las maderas y basuras acumuladas en el local.

El lugar estaba oscuro, húmedo y olía a orina.

—Podríamos escondernos aquí mientras reunimos ánimo para continuar.— Dijo.

—¿Crees que está abandonado?— pregunté un poco inseguro. No había nada màs peligroso que invadir territorio ocupado por algún grupo.

—Sí. De estar ocupado no saldrían todos a la vez.— Apuntó la linterna al suelo a unos colchones sucios de polvo.— No creo que nadie se haya acostado ahí hace siglos.

Pasé las manos por el cabello y me agaché al lado del colchón.

—Seguro que está lleno de cucarachas debajo.— Suspiré infeliz.

—Cuando dejemos esta zona de la ciudad encontraremos casas de pié y camas sin bichos.— Me besó la frente y se alejó inspeccionando. Yo no me moví ni siquiera cuando escuché el ruido de unas botellas de cristal caer al suelo y romperse en el impacto.

Levanté una punta del colchón esperando encontrar milpiés o gusanos, pero no, hasta donde mi vista alcanzaba no había nada y eso me hizo soltar un pequeño gemido de felicidad.

—Aquí no hay nada.— Escuché su voz de protesta.— Miraré a ver que queda en el espacio alrededor de la entrada. Quédate aquí.

—Está bien.— Contesté de forma casi automática.

Me quedé en silencio y me senté en el colchón. Me preguntaba si antes Benedict habría sido así, contundente, decidido, seguro de sí mismo, o si eso era el reflejo de una adaptación a esta nueva dura vida.

Apunté mi linterna a las paredes con grafitis en ellas y pensé de nuevo en nuestra situación. Benedict me había cuidado desde que perdiera a mi grupo y yo ¿qué hacía para contribuir? Nada.

¿Sería posible que yo fuese tan débil? ¿O eran solo mis demonios interiores que trataban de hundirme? Me negué a ser débil, me levanté y salí de nuestro escondite.

Vagueé por algunas casas, siempre con mi pistola en la mano, recorrí algunas tiendas y logré reunir algunas cosas que sabía que nos harían falta.

Cuando regresé me pareció extraño que él aun no hubiese vuelto y eso me irritó profundamente.

—¿Dónde has estado?— Pregunté cuando le vi entrar. Yo trataba de colocar unas mantas sobre los colchones viejos que habíamos encontrado esa tarde.— ¿No ibas solo a rebuscar alrededor del puente?

—He ido a por comida.— Soltó un saco que al caer al suelo hizo el tan característico sonido de las latas. Le miré enfurecido.

—Pues no debiste irte sin mí, podría ayudarte.

—He traído comida suficiente para un par de días.— Abrió el saco y empezó a separar las latas.

—No debiste haber salido sin mi.— Volví a protestar.

—Puedo cuidarme, ¿Y tú, de dónde has sacado eso?— Señaló las mantas. Yo me encogí de hombros y dije tan solo:

—Salí en tu ausencia.

Benedict suspiró.

—Mira, si salí solo es porque no quería exponerte a que te pase nada y tu vas ¿y sales a por mantas?— abrió los brazos pasmado con mi actitud.

—Yo también puedo cuidarme solo.— Le espeté y continué haciendo la cama.

Cuando la terminé no dije nada más, me quité las botas y me metí. Me encogí en mi lugar y me tapé hasta la cabeza. Benedict refunfuñó mientras se quitaba los zapatos y se acostaba también en su lado de la cama.

Nos quedamos en silencio, espalda con espalda durante varios minutos.

—¿Estás dormido?— escuché su voz en la oscuridad.

—Sí.— Contesté aún enfadado.— Lo estoy.

—Ya nada será como antes, nada… nunca más.— Se dio la vuelta y acarició mi cabello.— No puedo permitirme perder a nadie más, yo no creo que pudiese soportarlo.

Suspiré al oírlo, sabía que tenía razón. Estos no eran tiempos para cabezonerías, el futuro era mucho más incierto que nunca.

—Lo siento, he sido… no debí molestarme, pero tienes que pensar que yo tampoco puedo permitirme perder a nadie.— Me di la vuelta y apoyé el rostro en mi brazo.— A veces me siento un poco inútil. No soy de gran ayuda.

—No eres inútil, ¡me has salvado! Lo eres todo para mí.— Acarició mi rostro con su indicador.— He estado tan solo estos años que ahora que te encontré no puedo dejar de pensar en tu seguridad. Había días que deseé haber muerto, pero ahora creo que debe de haber un sentido para todo esto.

Suspiré pero no dije nada, Benedict no necesitaba que yo compartiese mis penas ahora, solo necesitaba que escuchase las suyas.

—Me hubiese gustado que nos hubiésemos conocido en otras circunstancias.

—En otras circunstancias estarías demasiado ocupado con tus productores haciendo películas y ganando chorradas de dinero.— Dije con un tono algo resentido.

—Ya ves de que ha servido todo eso ahora. Pero igualmente me hubiese gustado invitarte a salir, a cenar en un restaurante romántico.— Sus ojos se llenaron de lagrimas.— Leeríamos algún libro junto a la chimenea de mi casa y tomaríamos whiskey.

Sonreí con su descripción de una agradable velada y casi pude visualizarlo fijando mis ojos en la oscuridad del techo del túnel.

—Quizás algún día podamos hacerlo.

—Quizás…— Su brazo rodeó mi cintura y escondió el rostro en mi cuello dónde se durmió.



Desperté con sus piernas entrelazadas con las mías. Ben me miraba con la poca luz que entraba por las tablas que formaban la pared del refugio.

—¿Estabas despierto?

—Sí.— Besó mi mentón.— Me gusta tanto dormir a tu lado que no sé si podré algún día volver a dormir de otro modo.

—Estamos en modo cursi hoy.— Sonreí y le besé la mejilla con cariño.— por lo menos hemos dormido calientes. No sé cuanto hace que no dormía tan cómodo.

—Sí me recuerda a cuando dormía hasta el medio día en casa de mi madre en el día de año nuevo.— Bromeó.

—No creo que esto se parezca en nada a la casa de tu madre, ni siquiera a la tuya. Creo que tú vivirías en una enorme casa con piscina en las afueras de Londres.— Dije en plan de guasa.

—No, en absoluto. Mi casa era en el centro. Era grande sí… pero no tenía piscina. La estaba remodelando.— Se encogió de hombros.

—Ben, ¿alguna vez pensaste en volver a Londres después del incidente?

—¿Para qué?

—Para buscar a tu familia o amigos.— Acaricié su cuello distraídamente— ¿Cómo sabes si no, si están vivos?

—Ah, eso.— Pestañeó y dijo con claro esfuerzo.— Si he estado allí, justo después.

—¿Y entonces?

—No están vivos.— Tragó saliva.— Todo el centro quedó destruido, no ha sobrado nada. Dónde estaba mi casa hay… solo hay un enorme agujero.

Sentí un nudo apretar en mi garganta con tanta fuerza que casi no podía ni respirar a medida que él hablaba y su voz luchaba por mantenerse controlada.

—Lo siento.— Él negó con la cabeza y se mordió el labio inferior dejando escapar unas cantas lagrimas que cayeron sobre mi cuello.

Sujeté su rostro entre mis manos y le besé. Le besé la cara, los labios, los ojos y le acuné contra mi pecho.

—Lo siento…— volví a decir.— espero que todo haya sido rápido. Recuerdo que ese día cayeron varias bombas y aunque ninguna destruyó mi ciudad ni nadie que conozco murió en el impacto la gente empezó a enfermar, una semana, dos semanas después, hasta que todos empezaron a morir.— Suspiré.— Les cuidé mientras sus síntomas se hacían muy aterradores, les cuidé hasta que quedé enfermo también… pero después no pude continuar… tenía tanto dolor Ben, tanto, que creí que llegaría mi final.

Sus brazos largos me envolvieron. Sentí sus besos en mi cuello y su llanto en mi pecho.



—Me parece que las tormentas van a continuar… y deberíamos buscar ropa, la nuestra apesta.— Murmuré leyendo el rotulo de una lata de comida.

—Me temo que tendremos que permanecer aquí por unos días hasta que toda esta electricidad se desvanezca. No creo que sea agradable que te alcance un rayo.— Yo di una risita.

—Entonces sabríamos el verdadero significado de la frase “que te parta un rayo.”— Benedict se rio.

—En mi otro paseo por la zona he visto un centro comercial con las paredes de pié, podríamos echar un vistazo.

—Ojalá quede algo de Hugo Boss.

—Seguro que sí.— Contestó sonriendo.— No creo que ya nadie mantenga el mismo sentido de la moda estos días.

—Mmm, eso cuando se nos mira es evidente.— Yo viajaba con unos pantalones grises bastante viejos, una chaqueta y una camiseta de algodón completamente desgastada y sucia.

—Siempre podemos volver a esa ducha.— Yo le miré sorprendido y después con una sonrisa le guiñé.



El camino hasta ese centro comercial del que hablaba Benedict estaba libre. La calle estaba tranquila, silenciosas, sin señales de vida, como un gran túmulo. La mayor parte de las casas habían sido saqueadas, los cristales rotos, las puertas echadas abajo.

Encendemos las linternas en el interior y seguimos por entre los destrozos. La tienda de deporte.

-Posiblemente no tengamos dinero para todo lo que pensamos llevarnos.- dije con una sonrisa.

-Mmm, podemos cargarlo a mi cuenta, cuando vuelva la civilización solo hay que hacer una transferencia.- me guiñó el ojo.- Oh, esto es el paraíso... mira esas botas de Snowboard, siempre quise pasar unas vacaciones en la nieve.

Yo dirigí la linterna hacia la zona de los zapatos y añadí:

-Bueno, ahora te será mas fácil que no estás tan ocupado.- él suspiró mirándolas. Pasó los dedos por las tablas que estaban justo al lado, aun conservando su fibra brillante y en buenas condiciones.

-¿Te gustaría más unas vacaciones en la nieve o en la playa?- Me preguntó.

-Me gusta verte desnudo, así que no creo que me sea difícil la elección.- Le abracé y le besé con picardía.- Preferiría una playa y bañarnos... ¡Dios! bañarse, ¡es casi una fantasía!

Benedict sonrió. Pero su sonrisa se desvaneció casi al instante. Miró al suelo, noté que siempre hacia eso cuando trataba de concentrarse.

-No hagas ruido.- Me sujetó por el hombro.

-¿Has oído algo?- pregunté controlando el tono de mi voz.

-No sé que he oído, pero no me ha gustado.- Un escalofrío recorrió mi espalda recordando ese ataque en los túneles del metro.- Agáchate, echaré un vistazo.

Su cuello se estiraba por entre las estanterías con gorritos de natación para ver lo que ocurría en el pasillo paralelo. La vena de su yugular pulsaba de adrenalina.

-Iré contigo.- dije con cabezonería.

-Quédate.- Su ceño se frunció y su mirada era de hielo. Suspiré e hice lo que me decía. No era lugar ni momento para iniciar otra pelea.

Me agaché y me comprimí contra la estantería. Benedict acarició mi cabeza antes de quitarme la linterna de la mano y apagarlas.

Cuando nos quedamos solos en la oscuridad ante la posibilidad de un peligro inminente, temiendo por nuestras vidas, los minutos se vuelven horas, nuestra respiración parece sonar muy alta y ruidosa. Mis ojos se fijaron en el suelo, nerviosos, tratando de percibir algo raro.

Pasos, Benedict se alejaba y desaparecía al fondo del pasillo. Yo continué en mi sitio hasta que al cabo de lo que me pareció una eternidad vislumbre el reflejo de una linterna acercándose desde el lado contrario de la tienda. Mi pulso se disparó y mi respiración se aceleró. La luz continuaba hacia mí y yo estaba seguro de que no era Ben.

Gateé en dirección contraria, debería esconderme en cualquiera lugar y lo primero que se me ocurrió fue la sesión de ropa, allí podría meterme entre chaquetas y pasar desapercibido. Sin embargo no tuve tiempo de eso, al llegar al final del pasillo me deparé con un hombre. Le miré desde el suelo y me pareció enormemente alto en su traje anti radiación blanco, llevaba un casco que le protegía y un arma en la mano.

Retrocedí terminando sentado en el suelo pero él no tuvo piedad, disparó hacía mi pecho y un dardo se clavó por encima de mi camiseta.

-Asqueroso pedazo de mierda!- protesté en alto antes de arrancar el dardo, pero después de eso mi cuerpo pareció perder la fuerza. Grité pero el veneno recorría mi sistema de forma rápida y contundente. Él hombre llamó a otros que se acercaron al instante. Lo último que recuerdo fue la imagen de uno de esos hombres cerrando con cremallera el ataúd de tejido blanco en el que me encerraron.

Mi cerebro luchaba contra la incapacidad de moverme o pronunciar palabra, mis piernas y mis brazos pesaban una tonelada. Benedict me preocupaba. No sabía nada de él, si estaba vivo o muerto, no podía hacer nada... nos separaban y yo lloré de impotencia mientras me raptaban de su lado.


continua...

29 comentários :

  1. OMG el banner esta genial, me enamore de el ♥ ♥ ♥ y tambien te quiero dar las gracias por este nuevo capitulo saito :)

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  2. Fina. mil gracias esta muy bueno el capitulo, besos

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  3. Gracias!!! Estuvo súper interesante :)

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  4. Ay qué bie. La leo y vuelvo, que ya se ve que es largo, largo

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  5. Cómo eres, cortas la historia en lo más interesante. En fín, paciencia, y a esperar la nueva entrega. Cada vez me gusta más la historia aunque se lo hagas pasar tan mal a los personajes. También me gusta mucho la nueva cabecera del blog. Besos.

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    1. Lo sientooo XD
      Muchas gracias Astrid!! Besukis

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  6. Gracias por el nuevo capitulo estuvo muy bien estoy deseando leer el siguiente

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    1. Hola! espero no tardar mucho! Muchas gracias por vuestra paciencia!

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  7. Qué buen capítulo! te lo digo de nuevo: me encanta la ambientaciòn apocalìptica que hiciste!!! y la caminata por los tùneles, uff, me tuvo en vilo. Ben esta resultando ser todo un hèroe. Ya quiero otro capìtuloooo!!!! así que no te me distraigas cabalgando los hombros de Benny (por cierto, la foto està genial!). Besos

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    1. XD hola cioo! Muchas gracias! Jjaja no se si no me distraigo, él siempre hace que me distraiga y termine no escribiendo... la culpa es suya!

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  8. ¡¡Qué bueno este capítulo!! Ha tenido mucha acción y ha sido muy emocionante. La pelea con el mutaperro me ha encantado y además, también ha tenido partes divertidas, como cuando le dice que ha desarrollado superpoderes, jajaja. Besoss.

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    1. Hola Minuu! jajaja si es que a veces se dicen cosas tontas para distraerse del sitio tan terrible en el que viven =O pobres ninios

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  9. Oh, POR DIOS!!
    Nooooooooooo!!!
    ¡Se llevaron a Richard!
    No lo soportare... ¡No Lo Soportare! Necesito saber que pasara, no dormiré hoy >_<
    Me muero por saber si en verdad Ben tiene super poderes!!! Sería super cool *_*
    Gracias por tu trabajo, eres mega sexy!!
    Besos ♥

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    1. =O Holaaa
      jajajaj noo Ben no tiene superpoderes eso solo era una broma! Pero tranquila muchas cosas emocionantes van a pasar! Espero no decepcionarte! Besos

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  10. Dios niño, que buen capi, pase toda la parte del tunel con un miedo mortal y el final super inesperado...me imagene algún animal, no que me llevaran a Richard...hummm me quedo con toda la intrigaaaaa , no aguantooo.!!!.....muchas gracias a sido un capi EXCELENTE!!!

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    1. Hola Roxx!! Muchas gracias por mantenerte tan fiel al relato!
      Espero terminar pronto! Muchas gracias!

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  11. Aahhhhhhhh..... NOOOOOO!!! Que cruel eres Saito. No puedo creer que se llevaran a Richard. Pobre de Ben, que pasara ahora? Espero con muchas ansias el siguiente capítulo. Esta historia es magnífica Saito, gracias por compartirla.

    Besos

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    1. Hola!! Muchas gracias a ti por dejarme un comentario con tu opinión *-*^me gusta saber que pensais!
      Besukis

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  12. Este capítulo, junto con el primero, es de los que más me han gustado, a pesar de que lo he pasado mal con esas cosas viscosas del principio. Pero ha estado interesante y muy emocionante, y también lleno de humor, y eso que la situación es tan caótica. Pero parece que se las arreglan muy bien para salir del paso después de tanta desolación, tanta miseria y tanta desesperación. No me puedo imaginar qué le depara a Richard. ¿Qué experimentos harán con él? Miedo me da. Nos has dejado con la incertidumbre. A ver qué pasa.

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    1. Hola Paki! perdona que no hubiese contestado antes, he estado algo liado! Muchas gracias por tu apoyo! Espero que la continuación no sea muy violenta con lo de los experimentos =O OMG eso son spoilers de los episodios que siguen! jajajaj
      besukis

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  13. Ahhh!!! Qué final de infarto, Sai!!!
    Un capítulo excelente, me has tenido en vaivén emocional; claustrofobia en el túnel, pánico con la aparición del perro, ternura en sus momentos juntos, diversión ante sus superpoderes (me ha encantado lo de bellotero, jajajaja) y una angustia aterradora al final.
    Me ha encantado, espero con ansias el siguiente.
    Besos

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    1. Hola Ana! Gracias por seguir tan fiel al relato! Hace mucho que no te veo! Te hecho de menossss! Besukis

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  14. Ohh, Sai, el capítulo ha estado genial, ha tenido de todo, suspense, terror, acción, partes tiernas y cómicas. Uggg, que repelus todo ese moco verde y esos gigantescos huevos, ¿qué criatura contendrán? En la lucha con el mutaperro me has tenido con los nervios de punta por si le pasaba algo a Ben (lógicamente que no iba a morir, pero en esos momentos todo le pasa a una por la mente) y me partí de la risa con lo de los superpoderes, eso estuvo muy bien, jajajjaja. Y ese final angustiante, con el pobre Richard capturado y encerrado en la bolsa, la ansiedad por salir y no poder mover ni un músculo junto con esa incertidumbre que tiene por saber si Ben está bien y a salvo… Ufff, fantástico, quiero saber más y ver que le depara el destino a Richard con sus captores y si también han logrado capturar a Ben.
    Besosss

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    1. Hola Ross!! Muchas gracias!! Uf si a mi tambien me daria un poco de claustrofobia alli sin poder moverme y raptandome!! Cerdos!
      Van a pasar muchas cosas con ellos, y espero no decepcionar a nadie! jajaja
      Gracias!!! Besukis

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  15. Oh! se quedo super bueno este capitulo me gusta cada vez más esta historia, gracias por compartirla con nosotros Saito..
    besos

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