31 de outubro de 2013

La noche de Halloween



Esa noche llovía, los truenos iluminaban su despacho donde terminaba de revisar su último paciente del día.

-Bueno, le recomiendo que no haga esfuerzos y se tome estas pastillas que le voy a recetar.- John tendió un papel con su pequeña letra al hombre de rostro contraído, sentado a su frente.



-Muchas gracias doctor.- El paciente tendió la mano y sonrió un poco antes de salir cojeando.

Su móvil sonó, el típico pitido de mensaje recibida. “Nuevo caso, investigo la escena, reúnete conmigo.-SH” justo un minuto después volvió a sonar el móvil con otra mensaje, pero esta vez solo tenía una dirección.

Frunció el ceño y suspiró. No tenía pensado salir ese día, justo porque era Halloween y se había propuesto esperar a los niños del barrio disfrazado de hombre lobo detrás de la puerta para regalarles dulces. Incluso había decorado la casa con pequeñas arañas y fantasmas, había logrado cocinar algunos dulces fantasmagóricos en el pequeño rincón de la cocina dónde no llegaban los materiales de investigación de Sherlock.

Bueno, al fin y al cabo quería pasar la noche de brujas divirtiéndose en casa con su novio, viendo alguna película de terror… pero bueno, a Sherlock le entusiasmaría mucho más un asesinato así que suspiró y se levantó de la silla.

Recogió sus llaves, se abrigó y salió del consultorio.

Afuera estaba frio, aunque la lluvia había amainado un poco, la humedad del aire se pegaba a su rostro. Pudo relajarse un poco cuando entró al taxi y le murmuró la dirección al conductor.

Le pareció raro, pero no dijo nada cuando observó que se alejaban bastante de la ciudad por una carretera secundaria. Se asomó por la ventanilla. El bosque lo ocultaba todo a ambos lados de la carretera.

-¿Perdone, a dónde vamos?- Se decidió a preguntar.

-Pues, a dónde me ha indicado, lo he confirmado en el GPS y vamos bien.- Contestó el conductor con la mirada fija en la carretera iluminada apenas por los faroles.

-Gracias.- dijo volviendo la mirada de nuevo a la ventanilla.

Estaba bastante oscuro y estaba seguro de que ya habrían recorrido varios kilómetros desde las afueras de Londres.

El coche se detuvo pero no vio nada por la ventanilla.

-¿Nos hemos perdido?- preguntó algo confuso.

-No señor. Es ahí.- El conductor señaló al otro lado y John se fijó mejor. Su boca se abrió un poco por el espanto.

-¿Está seguro?

-Totalmente.- El hombre recogió el GPS y le enseñó.- Son 15 libras.

John sacó el dinero del bolsillo como un autómata y le pagó sin poder dejar de sentirse asombrado por el local.

-¿Podría quedarse y esperar a que vuelva?

-Lo siento, tengo un trabajo pendiente en la ciudad y ya voy a llegar tarde.-Se disculpó.

John salió del coche algo reluctante a hacerlo. Tragó en seco.

Delante de él se erguía una casa, grande, de apariencia descuidad y vieja. Aparentaba haber sido la casa de gente pudiente de estilo victoriano pero ahora parecía estar abandonada.

Caminó un poco y se colocó debajo de la única farola del lugar que iluminaba la entrada. Sherlock andaría por allí investigando así que sacó su móvil del bolsillo y digitó el número. Refunfuñó cuando la respuesta fue el insistente pitido de móvil fuera de cobertura. Bueno, no era tan raro, aquel lugar parecía perdido en el tiempo, le extrañaba que hubiese luz.

Decidió entrar.

Empujó con alguna fuerza el portón de gradas oxidado y roto cuyo sonido le produjo un escalofrío por la espina. Siguió por el camino de piedras ladeado de hierbas y arbustos descuidados. El jardín de la casa también parecía dejado, unos bancos de mármol rotos, una estatua de un ángel cubierto de enredaderas, incluso le pareció vislumbrar crucifijos caídos en medio del campo, pestañeó varias veces e hundió un poco más las manos en los bolsillos de su chaqueta.

El viento soplaba con fuerza moviendo el arbolado que rodeaba la casa. Se detuvo y miró con atención, le pareció haber visto luz en la ventana. Sí, de nuevo el flash de una linterna moviéndose en el interior.

Suspiró, al final tendría que entrar y acompañar a su novio en sus investigaciones. No estaba seguro de si eran novios, pero en definitiva las noches que pasaban juntos teniendo sexo, significaban algo.

La puerta era de madera, gruesa y estaba abierta. La empujó un poco y entró. Estaba oscuro, mucho más que en el porche, que aun era iluminado suavemente por la farola a varios metros de allí.

Conectó la linterna del móvil para inspeccionar el lugar.

No sabía muy bien por qué, pero llevar linterna le daba mucho mas incomodo que ir sin ella. No era miedo, un hombre como él no le temía a la oscuridad, un soldado. Pero la linterna iluminaba los obyectos y cambiaba el ángulo de incidencia de la luz dependiendo de sus movimientos, creando sombras danzarinas e ilusiones ópticas. Nuestra cabeza puede jugarnos malas pasadas y eso era lo que le incomodaba.

El suelo era antiguo, fue lo primero en que se fijó, cubierto de polvo y hojas, incluso vislumbro una ciempiés corretear y desaparecer bajo la alfombra. Dio un paso asqueado.

De momento la curiosidad por el caso había desaparecido y tan solo deseaba dar media vuelta y marcharse. Después apuntó su linterna a la habitación de paredes viejas de papel rasgado y sucio, muebles cubiertos por sabanas blancas que ahora más parecían crema por el polvo.

-¿Sherlock?- Llamó. Al fondo de la habitación habían unas escaleras, de madera que gritaron cuando pisó el primer escalón pero John tragó saliva y continuó:- Sherlock, ¿estás ahí?

No recibió ninguna respuesta, apenas el silencio. Aclaró su voz y trató de relajarse, sentía todos sus músculos tensos y doloridos.

No se oía nada, o por lo menos ningún ruido que pudiese atribuir a Sherlock. Se escuchaba el viento, los arboles moviéndose afuera, el maullar de un gato a lo lejos, las patas de una rata raspando en la madera mientras correteaba…

Dio unos pasos al frente por el pasillo ladeado de viejos retratos a blanco y negro, olía a humedad, a madera podrida y a algo que no pudo descifrar.

Sujetó el móvil con ambas manos y digitó del número de Sherlock una vez más. Esperó pero seguía fuera de cobertura.

En ese instante algo cayó al suelo, un impacto seco sobre la madera, o quizás era algo que se rompía, algo en la habitación más cercana. Apuntó la linterna, fue rápido pero lo único que alcanzó a ver fue un bulto que se escondió en una de las otras salas contiguas.

Su cuerpo tembló y ahogó un grito de horror. Había algo en la casa y no era Sherlock.

Frunció el ceño y buscó algo con lo que defenderse pero al no encontrar nada útil allí cerca dio un paso atrás.

-¿Quién está ahí? ¿Sherlock?- Su espalda se dio contra un cuerpo mayor que el suyo. Se dio la vuelta como un autómata e intentó iluminarlo con el móvil pero su gesto fue en vano, sintiendo un golpe en el brazo, fuerte y seco.

El móvil cayó al suelo.

-¿Quién eres?- Nadie contestó y en lugar de eso recibió otro empujón desde la oscuridad. John gimió perdiendo el equilibrio y cayendo sobre algo que parecía ser una mesa en el centro de la habitación. Se quedó sentado, alerta, con su corazón martillando contra sus costillas.

La poca iluminación que provenía del móvil le dejó ver la siluete de alguien cruzando el umbral de la puerta.

Escuchó pasos en su dirección y el resoplar de algo animal, quizás sobrenatural. Tragó saliva decidiendo cuando salir corriendo, el problema era que “eso” avanzaba sobre él a oscuras y ningún momento parecía adecuado. Estaba cerca, de nuevo el resoplido, tan cerca que pudo sentir el aire sobre su cuello. Cerró los ojos con fuerza y golpeó lo que fuese que se acercaba, se levantó a tropezones intentando correr hasta la puerta pero fue en inútil.

Unas manos frías como el hielo y delgadas como un cadáver le sujetaron y le volvieron a empujar, dándose contra la pared. Tiraron con fuerza del cuello de su sueter exponiendo la piel de su yugular. Una pierna se metió entre las suyas aplastándole.

Gritó cuando unos caninos se cerraron sobre su pulsante arteria, sus puños cerrados se debatieron contra el ser que lo aprisionaba pero su fuerza parecía faltar, quizás por el pánico o quizás no fuese tan fuerte como para liberarse.

Esperó con ojos bien cerrados que el dolor de los dientes sobre su piel se hiciese insoportable pero eso no pasó, lo que sintió a continuación fue una lengua suave deslizándose en ese mismo lugar.

Sus manos se atrevieron a dejar de empujar para tantear el cuerpo delante del suyo. Llevaba puesta una chaqueta y debajo una camisa bastante apretada contra el pecho.

-¿Sherlock?- Abrió los ojos como platos.

-Feliz Halloween John…



13 comentários :

  1. Jajaja, muuuuy bueno. Me ha encantado la ambientación, y la historia ha sido muy intrigante, hasta ese desenlace perfecto. ¡¡Feliz Halloween, Saito!! Besoss.
    P.D. Y decías que no sabías escribir historias de miedo...

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  2. Mira que me has hecho pasar miedo!!!!! para tratarse luego de una broma. Escalofriante.

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  3. Muchas gracias por el corto Saito :D
    ¡Feliz Holloween!

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  4. Me encanto el corto Saito!!! Muchas gracias por compartirlo!!! Happy Halloween!!!

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  5. Interesante, siempre me cautivas con tus cortos, son muy buenos :D Gracias por compartirlo con nosotras y ante que todo lo demas...Feliz Halloween :D

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  6. Espero que hayas pasado un feliz Halloween, me ha encantado la historia, sobre todo el final. Besos.

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  7. jajaja habia llegado a asustarme pensando que seria algun tipo de criatura terrorifica y resulto ser una criatura no tan terrorifica. me encantan tus historias sigue asi.Besos

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  8. Jajajajaja, te ha quedado muy bien Saito. Me ha gustado mucho e intrigante hasta el final.
    Gracias por compartir con nosotr@s tus historias.
    Besosss

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  9. gracias por compartir la historia, ha estado muy linda :)

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  10. Hola, Sai:
    Magnífico relato, realmente intrigante, gracias por compartirlo.
    Besos

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  11. Gracias me encantan las historias sobre Sherlock, un abrazo

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  12. Muy bueno tu relato, gracias por compartirlo. Besos

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